El auge del color rojo y del símbolo de la rosa en el mapa del poder político municipal tiene truco. Es, al menos, lo que piensa el parlamentario popular Joaquín Aréstegui, que ayer formuló las tres razones que esgrime su partido para minimizar el creciente peso del PSOE en la gestión de alcaldías. A la «red clientelar» que ha tejido a través de las relaciones entre las administraciones locales, la regional y la estatal se une, a su juicio, la tendencia socialista a «pactar sin escrúpulos con cualquiera con tal de ocupar el poder, incluso con gente próxima a los terroristas». Y, por último, «el sobreesfuerzo que se nos exige de ganar con mayoría absoluta si queremos gobernar». Ninguna de las tres razones es válida, alegó el socialista Fernando Lastra, que achacó la recesión del PP en el ámbito local a su estrategia «de hablar de ETA y de la ruptura de España» en lugar de aquellas cuestiones que, según su interpretación, más interesan a los ciudadanos en unos comicios de estas características.
Aréstegui, con todo, incidió en sus argumentos. Reconoció que el poder que las urnas han dado al PSOE es «muy amplio», pero sus elogios no fueron más lejos. «Al tener en sus manos la administración regional y la central, utilizan esa herramienta para primar a sus alcaldes y candidatos», denunció, alegando que esa «tela de araña de poder» provoca que no todos los aspirantes «salgan al terreno de juego en las mismas condiciones». Los representantes del PSOE «parten con ventaja» porque, alegó, «incluso llegan a utilizar fondos públicos para sus campañas». La acusación encendió los ánimos de Lastra, que tardó muy poco tiempo en replicar. «Sabe que eso no es así, sea más moderado», espetó.
Capacidad de diálogo
El portavoz socialista en la Junta General durante la última legislatura abundó en la controversia sobre la entrada de ETA y el debate del terrorismo en la campaña, pero desde una posición diametralmente opuesta a la de Aréstegui. «Han decidido hablar de este tema y en algunos sitios como Oviedo o Madrid les ha valido, pero en otros no porque se quería debatir de infraestructuras o servicios públicos», razonó. En cuanto a la necesidad que tienen los populares de obtener la mayoría absoluta para asumir las tareas de gestión, tanto en el espectro regional como en el local, indicó que la capacidad de diálogo «es un valor positivo de la democracia» y que el PSOE «sí tiene capacidad de interlocución». Su reflexión finalizó con un recurso a la ironía: «Cuando se trata de poder, el PP es capaz de hablar catalán en la intimidad».
La posición de Izquierda Unida, encarnada en Francisco Javier García Valledor, fue más moderada. Aseguró que el control municipal de que ahora dispone el PSOE es «enorme y sólido» y argumentó que los alcaldes suelen beneficiarse de las políticas autonómicas que se ejecutan en su concejo, lo que contribuye a crear «un poder local fuerte». Hay, eso sí, algunas excepciones que el consejero de Justicia enmarcó en Ribadesella, Lena o Grado, donde populares, socialistas e IU se han visto desalojados de las posiciones de privilegio que hasta ahora mantenían.
Escalafón superior
Analizando el conjunto del resultado electoral, que engloba tanto los comicios autonómicos como los municipales, Valledor dejó una reflexión solvente. Pese a que Izquierda Unida ha experimentado en términos generales un notable descenso en votos, «gana más peso político» en la medida en que, sobre todo con vistas a la configuración de la Junta General, el PSOE ha sufrido la pérdida de un escaño y eso deja a la coalición en un escalafón levemente superior. Todo ello con vistas, obviamente, al escenario de negociación de otro pacto de gobierno.
Los socialistas, pese a la pérdida del escaño número 22, dan a entender que los resultados han sido satisfactorios y han ido en la línea de las previsiones que manejaba la FSA. Para Fernando Lastra, la prueba más evidente de que se han cumplido sus expectativas, al menos en parte, es que «Vicente Álvarez Areces gobernará en Asturias y habrá una continuidad en las políticas de progreso para que esta región siga cambiando».
La lectura que hace el Partido Popular va por otros derroteros. Aréstegui recurrió al recuento de los votos para aseverar que su partido «ha ganado las elecciones tanto en Asturias como en España», e hizo hincapié en que esa circunstancia se ha producido de forma más visible en la circunscripción central, donde se aglutina la mayor parte de la población. El parlamentario, con su acta ya renovada por los ciudadanos, analizó el recuento de las papeletas como la constatación de un cambio de tendencia «que refleja que desde 1999 el PSOE tiende a la baja en votos y diputados mientras que el PP sigue creciendo». Esa «decadencia» a la que aludió Aréstegui se personifica, desde su punto de vista, en la figura de un Vicente Álvarez Areces al que sitúa como el gran derrotado de los comicios.