Miércoles, 30 de mayo de 2007
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Las exigencias de IU sobre el Estatuto, primer obstáculo para la negociación de un pacto regional con el PSOE
Valledor reclama en Canal 10 un consenso «sobre los ejes centrales» y Lastra sólo acepta discutir objetivos generales El PSOE afirma que la negociación se limitará «a las cosas que compartimos», la coalición dice que «o hay acuerdo estable o iremos a la oposición» y el PP prevé «un mal resultado»
Con los resultados de las elecciones autonómicas todavía calientes y sin que las direcciones regionales de los partidos hayan analizado en profundidad las consecuencias del dictamen de las urnas, PSOE e Izquierda Unida evidencian ya que la reedición de un pacto estable de gobierno deberá superar numerosos y complejos escollos. La fórmula para articular la reforma del Estatuto de autonomía será uno de ellos, tal y como demostraron ayer el socialista Fernando Lastra y Francisco Javier García Valledor, de Izquierda Unida, en el debate que mantuvieron en el programa 'La Lupa' de Canal 10. Valledor se mostró contundente a la hora de afirmar que la definición de los ejes básicos de esa reforma debe ser un «elemento central» del acuerdo, mientras que Lastra fue más abstracto y se limitó a hablar de objetivos más generales porque cualquier otra cosa «estaría predeterminada al fracaso». El popular Joaquín Aréstegui, en un espacio intermedio entre las fuerzas de izquierdas, aseguró que la repetición de una sociedad política similar a la que ha funcionado en esta legislatura «no será buena para Asturias».

Que el diálogo entre socialistas e IU no será fácil, a pesar de la voluntad que dejan entrever ambas partes de alcanzar una solución positiva, es algo constatable. Lastra y Valledor lo pusieron ayer de manifiesto porque, aún sin entrar en grandes discrepancias a la espera de que sus respectivas direcciones políticas tracen la línea a seguir, situaron sobre la mesa argumentos y planteamientos en muchos casos incompatibles. El ya electo diputado socialista fue el primero en hacerlo: «Habrá acuerdo sobre las cuestiones que compartimos; sobre lo que no compartimos no hay acuerdo posible».

Lastra dulcificó estas palabras apelando al «esfuerzo por conseguir un gobierno estable» que garantice una mayoría sólida en la Junta General, pero a Valledor estas impresiones no parecieron gustarle en demasía. «Un acuerdo se basa en renuncias mutuas, no sobre no tocar aquello en lo que existe un desacuerdo», indicó. El consejero de Justicia, de hecho, no tardó mucho tiempo en presentar a su rival socialista los planteamientos con que la coalición concurrirá al cercano escenario de negociación.

Tras asegurar que en el proceso de diálogo pesarán más cuestiones programáticas como el asturiano o Caleao que las aspiraciones de obtener una consejería más o menos, Valledor sí concretó la intención de disponer de «una mayor corresponsabilidad en la acción global de gobierno» y de repartir las áreas de gestión de una forma «más estanca» que en 2003 para evitar «interferencias en las consejerías que controlamos, como ha pasado en esta legislatura».

Tampoco se anduvo con reparos, aunque sí atribuyó sus palabras a una valoración personal, a la hora de analizar cuál puede ser el resultado final del diálogo con el PSOE. «Estaremos en el Gobierno o en la oposición, pero fórmulas intermedias no son positivas», dijo, descartando así la alternativa de concretar apoyos puntuales a un gobierno socialista en minoría. Y fue un paso más allá: «Queremos un gobierno plural pero no a cualquier precio; si el precio es renunciar a apartados esenciales del programa, pasaremos a hacer una oposición constructiva».

«Escenario complejo»

Ante estas aseveraciones, Lastra optó por el tono conciliador. Defendió la «valoración positiva» del pacto de 2003, aunque insistió en el interés en «soslayar» aquellas cuestiones más sensibles en virtud del acuerdo. Admitió, en todo caso, que la opción de gobernar en solitario y sin una mayoría parlamentaria sólida abre un escenario «complicado» y una situación que puede resultar «mala, salvo para quienes gustan del cuanto mejor, peor».

La reforma estatutaria es, ya de antemano, el primer punto de fricción. Valledor avisó de que un pacto de gobierno sin un núcleo de acuerdo sobre el nuevo Estatuto, al contrario de como han hecho en Galicia el PSOE y el BNG, sería «absurdo», y se mostró proclive a incorporar al PP al proceso. El diputado socialista, por su parte, descartó que el acuerdo detalle los contenidos de la reforma y sólo dio pie a incorporar «algunas líneas de actuación sobre los objetivos que perseguiríamos». Una reflexión que tiene además en cuenta que, al final, sería necesario el apoyo del Partido Popular para que cualquier contenido pactado por la izquierda saliera adelante en el Parlamento.

En medio del fragor, Joaquín Aréstegui aprovechó para meter baza y recordó la oferta del PP a los socialistas para establecer acuerdos sobre cuestiones en las que, «como ocurre con el Estatuto, tenemos más posibilidades de acuerdo con el PSOE que ellos con IU». Una aseveración que Lastra interpretó como un intento de excluir a Izquierda Unida de la reforma estatutaria, «algo de lo que no somos partidarios».

La postura de los populares sobre la posibilidad de que se repita el pacto PSOE-Izquierda Unida no da mucho margen al optimismo. «No sería algo bueno para Asturias, como ya no lo fue el anterior, porque supone la unión de una fuerza política en decadencia con otra que no es precisamente una apuesta por la modernidad», criticó Aréstegui.

En este punto, aprovechó para meter el dedo en la llaga de las diferencias que separan a ambos partidos -«estaría bien saber qué dice ahora la FSA sobre determinadas cuestiones»- y avanzó que, de alcanzarse una solución dialogada, «esta comunidad seguirá a la cola en el crecimiento económico o el empleo, entre otros parámetros».

 
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