Una anciana de 80 años falleció en la mañana de ayer en un incendio que se declaró en su domicilio, en el octavo piso del edificio número 6 de la avenida de Rufo Rendueles, justo frente a la escalera número 9 de la playa de San Lorenzo. Unos 40 inquilinos fueron desalojados y otros 20 se refugiaron en los pisos superiores, al no poder bajar por la escalera debido a la intensa humareda. A falta del informe definitivo de la Policía Científica, todo apunta a que el fuego se inició, poco después de las 9 de la mañana, en un calentador eléctrico que la mujer había colocado en su habitación. El hecho de que la casa estuviese enmoquetada hizo que las llamas se extendiesen con gran rapidez y que un intenso humo negro se apoderase de todas las estancias del inmueble.
El cuerpo sin vida de Inés del Lago fue localizado por los bomberos tendido en el suelo de la cocina. Murió con rapidez, por inhalación del humo tóxico, y los médicos que acudieron al lugar no pudieron hacer nada para salvarle la vida. La fallecida es madre del médico homeópata Luis Rekarte, quien tenía, además, la consulta en el piso incendiado.
El juez ordenó el levantamiento del cadáver a las 11 de la mañana. A esa hora ya había terminado buena parte del nerviosismo entre los vecinos del gran edificio -con trece alturas y seis viviendas por planta-, que fueron desalojados ante el temor de que el fuego se propagase.
Densa humareda
Todo comenzó poco después de las 9 de la mañana, cuando varios inquilinos de los pisos superiores comenzaron a ver cómo por sus ventanas entraba una densa humareda. Se asomaron y vieron que procedía de una vivienda del octavo. En poco menos de diez minutos, la centralita de la Policía y del 112 recibió 20 llamadas para alertar de lo que ocurría.
El incendio estaba ya muy avanzado y quedaba poco tiempo para intentar salvar la vida de Inés, quien residía en el edificio desde los años 70 y se había ganado la confianza de sus vecinos, a pesar de que una enfermedad la mantenía apartada de la vida pública desde hace varios años. Estaba viuda y tenía tres hijos. Su difunto marido, al igual que uno de sus hijos, era médico homeópata y también tenía la consulta en esa vivienda.
«Los inquilinos de los pisos que estaban por debajo del octavo salieron a la calle y los de encima subieron a la última planta y se encerraron en una vivienda para evitar que entrase el humo», explicó el portero del inmueble, Rubén Fernández, quien colaboró con la Policía en el desalojo de los vecinos y ayudó a salir a las personas de avanzada edad. Cinco de ellas precisaron oxígeno, por la inhalación de humo, aunque su salud no corre peligro, tal y como confirmaron fuentes policiales. «Se les pusieron las mascarillas más para prevenir que otra cosa, porque ninguno presentaba un cuadro preocupante», explicó un médico en el lugar de los hechos. Fueron unos angustiosos minutos para los vecinos, muchos de los cuales presenciaron desde la calle cómo del piso afectado seguían saliendo llamas y los cristales caían a la vía pública.
Los servicios de seguridad realizaron un gran despliegue ante las dimensiones del incendio. Acordonaron la zona, movilizaron dos camiones de bomberos, cuatro ambulancias, tres coches del Cuerpo Nacional de Policía y dos de la Policía Local. La transitada avenida de Rufo García Rendueles sufrió restricciones de tráfico en el carril en dirección al parque de Isabel La Católica y en los alrededores se congregó un nutrido número de viandantes.
«Fue un susto muy grande: oímos como una explosión y luego empezamos a ver mucho humo. Decidimos salir del piso y bajamos por las escaleras con dificultad, porque no se veía nada por el humo negro», narra Miguel Llorca, un joven vecino del sexto. «No sé cómo ha podido pasar esto, pero lo más probable es que haya ardido la moqueta que había en las habitaciones», comentaba en un corrillo otra vecina del inmueble.