«Estaba en casa cuando me llamó la Policía y me mandaron bajar a la calle; salí al descansillo y ni se veía nada ni se podía dar un paso. Lo peor fue cuando intenté entrar otra vez al piso para refugiarme; se había cerrado la puerta y me había dejado las llaves dentro». Marisol Álvarez, vecina del edificio del Muro en el que el martes falleció una anciana como consecuencia de un incendio, relata cómo vivió el duro episodio que le llevó a permanecer una noche ingresada en el hospital de Cabueñes.
«Notaba que no me llegaba el aire y encima no veía nada para poder bajar por las escaleras; mi primera reacción fue sacar la cara por un pequeño cristal de la ventana y coger un poco de oxígeno; luego, no sé cómo, llegué a casa de un vecino y me quedé allí hasta que nos volvieron a mandar bajar», explica. Su siguiente destino fue «la ambulancia en la que me pusieron la mascarilla y me llevaron al hospital».
Poco antes de la una de la tarde, Marisol Álvarez regresaba a su domicilio. Su primera impresión al subir en el ascensor fue asegurar que seguía oliendo a quemado. Esta joven fue la única inquilina del inmueble que tuvo que pasar la noche ingresada por la inhalación de humo tóxico. Las otras cuatro personas que precisaron asistencia sanitaria fueron dadas de alta a lo largo de la tarde del martes. Sin embargo, lejos de aplacar los nervios, el paso de las horas sirvió para aumentar la preocupación en el vecindario.
Un hombre gritó 'fuego'
«Pasó todo muy rápido y fue mucho el jaleo, pero es ahora cuando empezamos a darnos cuenta de que fue una tragedia y que podíamos haber muerto todos», afirma Tina Rodríguez, vecina de puerta de la anciana de 80 años fallecida, Inés del Lago. «Yo estaba en casa y oí algún golpe y ruido, pero pensé que estaban haciendo obras, no le di importancia; fue luego cuando oí a un hombre que bajaba gritando 'fuego'», explica.
Esta vecina optó por quedarse en casa «y esperar a que me viniesen a buscar los bomberos porque veía que con todo el humo que había era imposible salir a la escalera y bajar a la calle». Tina Rodríguez se muestra compungida por el destino de la anciana, que había vivido a su lado los últimos treinta años. «Es una pena no haberla oído pedir ayuda; teníamos mucha confianza y siempre que necesitaba algo me llamaba a la puerta, pero ayer no lo hizo o por lo menos no la oí», apunta.
El portero del edificio, Rubén Fernández, se esmeraba ayer por devolver la normalidad al inmueble. «No hay habido problemas en el suministro eléctrico; pero hay zonas de la escalera y pisos que están muy afectados por el humo y van a necesitar pintura», comentó. El joven vivió el martes uno de los episodios más dramáticos de su vida. Lleva pocos meses trabajando en el portal número 6 de la avenida de Rufo García Rendueles y aún no se puede creer lo que le ha tocado vivir. «Estaba en la portería cuando bajó un hombre avisando de que había un incendio, pero no me imaginaba que era tan grande; cuando subí a ver lo que pasaba me encontré con la escalera llena de humo y con la puerta abierta de la casa de la señora, pero ya era imposible entrar en la vivienda». El cuerpo de la fallecida fue incinerado ayer en el tanatorio de Cabueñes en la intimidad familiar.