Ricardo Sánchez Tamés presentó su primer informe como Defensor del Universitario, figura creada el pasado año y ante la que sólo se presentaron 17 quejas en un año. Con su habitual sentido del humor, socarrón, corrosivo e inteligente, el catedrático de Fisiología Vegetal relató sus primeros pasos en el órgano unipersonal que ocupa, cuando deambulaba de un local a otro o no podía entregar una tarjeta identificativa de su nombre y cargo en las reuniones nacionales de Defensores del Universitario por carecer de ella.
Pero no hubo respuesta de nadie. Y Tamés recordó que de las 17 quejas, 7 fueron de profesores, otras 7 de alumnos y 3 de personal de administración y servicios. Una de ellas, sobre «la metamorfosis sufrida por el escudo de la Universidad de Oviedo. Aún no he recibido la respuesta del rector», dijo.