«Somos una especie en peligro de extinción y, encima, desprotegida». Entre bromas y veras, José Manuel Álvarez, párroco de Jove, expresó ayer el sentir de la mayoría de sus compañeros de promoción, los doce párrocos asturianos que celebran este año sus bodas de plata como sacerdotes. Ellos, junto a los veintiún curas que cumplen también en 2007 medio siglo de sacerdocio, fueron los protagonistas de un homenaje organizado por el arzobispado asturiano que consistió en una comida de confraternización y una misa, concelebrada por el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro; el arzobispo emérito, Gabino Díaz Merchán (que fue el obispo ordenante de muchos de los que ayer celebraban sus bodas de plata), y el obispo auxiliar, Raúl Berzosa. Este último estaba especialmente emocionado, ya que también celebraba ayer sus bodas de plata con el sacerdocio y, sobre todo, porque recordó que «me ordenó el Papa, Juan Pablo II, durante su visita a Valencia en 1982».
Con el sínodo como mensaje principal, el arzobispo volvió a recordarles que «estamos de misión» y que la Iglesia asturiana debe salir «al encuentro con la gente», algo en lo que todos los asistentes coincidían ya que, como expresaba Fernando Fueyo, antiguo arcipreste de Gijón, «somos los últimos de una especie. Este año se acaban de ordenar tres sacerdotes. El año que viene, serán dos y, después... ninguno».
Fueyo asistió a la misa para celebrar las bodas de oro de su hermano, José Manuel Fueyo, que fue fundador de la parroquia gijonesa del Espíritu Santo y hoy está ya jubilado. Ejerciendo de portavoz de su hermano mayor, el pequeño de los Fueyo recordaba que «yo soy cura por él», una influencia que fue mucho más allá, ya que los cuatro hijos de «un santo, mi padre: Manolín, el de Casa Fuente», estuvieron vinculados con la Iglesia. «Nosotros dos, curas; Ángeles, mi hermana ya fallecida, fue monja en el Patronato San José; y Carlos, mi otro hermano también fallecido, hizo el noviciado, aunque luego no siguió», explicó Fernando Fueyo.
Confianza en el sínodo
Su ejemplo, sin embargo, no será seguido por las nuevas generaciones. Algo que no afecta sólo a la Iglesia, opina José Manuel Álvarez. «La desmotivación de los jóvenes está en todos los sectores de la sociedad. No hay más que ver la escasa implicación en la política», apunta. Su compañero de promoción Maximino Canal, párroco de Montiana y Poago, espera que el sínodo «sirva de revulsivo», ya que «a esto, por 'perres', no va a venir nadie», aventura.
¿Por qué, entonces? Eduardo Berbes, párroco de Pumarín, con medio siglo de sacerdocio a sus espaldas, lo explica: «Por la felicidad que supone. Yo llevo cincuenta años y sigo como el primer día: enamorado de la vida».