Carraspeó, se cambió el móvil de mano y esperó tranquilo la primera de las mil preguntas que le esperaban. Cristian Díaz, el nombre más repetido en las últimas horas, no tenía especiales ganas de decir nada, pero accedió a la petición de EL COMERCIO. Curiosamente, después de lo que se vivió en La Condomina en la primera vuelta, era ayer, posiblemente, el murciano más tranquilo de toda la plantilla en ese sentido. Al fin y al cabo, no viajará a Gijón. «Tengo la rodilla muy tocada, la he forzado mucho y me han recomendado descanso hasta el final de temporada», explicaba el argentino, que ya se ha perdido las dos últimas jornadas por idéntico motivo.
Quizás podía esperarse un mea culpa con todas las letras, pero Cristian lo negó. De forma rotunda. No concedió crédito a las denuncias de insultos racistas por parte de su persona hacia Congo, aunque este desmentido no bastará para frenar la polémica. «No tengo nada de qué arrepentirme en aquel partido. Yo no hice nada. Es todo mentira», afirmó el futbolista, al que le van los ambientes fuertes y no se arruga ante nada. «No se dijeron insultos racistas. Eso son tonterías. Cuando uno se pelea con otro jugador, se pelea con uno blanco, negro...», añadía el central argentino, consciente de que la afición rojiblanco le preparaba un recibimiento hostil.
Pero no se muestra preocupado por ello. Nada de achicarse, nada de renunciar a un cuerpo a cuerpo. El defensa del Ciudad de Murcia hubiera percibido en El Molinón el estruendo desatado por un profundo desencuentro. Finalmente no lo hará y tampoco considera que lo hagan el resto de compañeros. «No creo que vaya a ser un partido tenso. ¿Si en el partido de ida no pasó nada! Sólo ocurrió la jugada de Congo con Jaime y mi discusión con el colombiano. Sin más», señaló Cristian, que ayer habló todo lo que hace cinco meses no quiso o no pudo hacer. «Pero si Congo no dijo nada. Nadie lo hizo en el Sporting. Sólo fue Barral», aseguró.
El delantero gaditano, aun consciente de que sus palabras al término de aquel encuentro iban a generar polémica, dirigió aquel 7 de enero al viejo conocido de la parroquia rojiblanca, posiblemente desde la rabia, unas duras palabras: «Que se vaya a Argentina a jugar porque es una vergüenza de jugador, no ha parado de llamar negro en todo el partido a Congo».
El central Cristian no entró en aquel entonces en la rueda de declaraciones y contradeclaraciones. Ayer sí lo hizo para defenderse, aunque cree que todo son «tonterías». «Soy más competitivo, pero nada más. Pero de ahí a que vaya lanzando insultos racistas... No tiene nada que ver», matizó el futbolista nacido en Buenos Aires, al que le dolió más la actitud de alguno de sus ex compañeros que las propias acusaciones de Barral. «Lo que más me dolió fueron los comentarios de algunos ex compañeros, en los que decían que no me había comportado bien. Pero si han jugado conmigo y este año están todos encantados».
Cristian, que ha disputado esta temporada con el conjunto murciano 2.323 minutos y ha participado en 27 partidos, todos como titular, es de la opinión de que el Ciudad de Murcia viajará a Gijón «con la mayor ilusión posible, pero pensando ya en otras cosas». Entre esas otras cosas, sin duda, el futuro de la entidad y de los propios futbolistas. «Me quedan dos años de contrato. Mi idea es continuar, pero no sé ni dónde ni cómo. Incluso nos han dicho que podríamos quedar todos libres. Hasta que no se concrete la operación con el Granada, a la que sólo parece faltar la firma, no lo sabremos bien», explicó el ex rojiblanco.
Las ganas de Barral
Cristian no estará, pues, mañana en El Molinón. «¿Que si no siento un alivio? No. Si yo estaba deseando que viniera. Después de la que nos armó en Murcia...», confesó, al término de la sesión matinal, Barral, quien, además de ser el autor en aquel encuentro de un gol que, por su belleza, quedará grabado en la memoria de los aficionados sportinguistas, destapó el supuesto trato vejatorio del argentino sobre su compañero Congo. «¿Revancha? Por qué no. Fue un partido muy duro. Ahora tenemos que preocuparnos de jugar, meterles tres goles y vengarnos por todo lo que ocurrió allí», apuntilló el andaluz.
Con o sin el argentino, «el Ciudad de Murcia es un rival duro y La Condomina un campo difícil -explicó Barral-. Su defensa es muy fuerte y agresiva, la que uno siempre querría tener en su propio equipo».