La falta de motivación o las precarias condiciones laborales están detrás de muchas «bajas falsas», pero también hay sonadas deficiencias en la gestión de las Incapacidades Laborales Transitorias (ILT) que, en algunos casos, llevan a duplicar los tiempos medios de las bajas por lesiones tratadas como accidentes de trabajo o las derivados de contingencias comunes.
¿La razón? El limitado campo de actuación de las mutuas en los procesos de ILT por contingencias comunes, en los que sólo son competentes para las prestaciones económicas y para formalizar algún tratamiento complementario, pero no tienen capacidad para ejecutar altas, bajas o incapacidades. Faltar al puesto de trabajo en España, de manera justificada o no, hizo perder como media a cada trabajador el año pasado más de 20 horas al mes, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La duración media de las bajas en patologías y diagnósticos tratados como accidente laboral o los derivados de patologías comunes resulta elocuente. En el primer caso, la baja media de un trabajador tratado por cervicalgia dura una media de 26 días, 46 menos que lo que duran los de contingencias comunes. El ejemplo aportado por la dirección de Fremap en Asturias es similar al que ocurre en el tratamiento de una lumbalgia, 22 días en el caso de accidentes de trabajo y 62 en contingencias comunes o el de una contusión de rodilla: 26 frente a 45 días. «Si se aumentara nuestra capacidad ejecutoria en lo que a contingencias comunes se refiere podríamos acercar esas cifras», asegura el director de Fremap en Asturias, Luis Vallina.
Más efectividad
En la actualidad, las mutuas profesionales son las encargadas de controlar el absentismo, pero no disponen de la legislación oportuna ni los medios adecuados para efectuar un control efectivo de ese absentismo. Tampoco las empresas han sido proactivas a la hora de poner en marcha planes para controlar el absentismo. El objetivo, en opinión de las mutuas, es evitar dilaciones en la gestión de esas bajas para evitar tiempos de espera «innecesarios». «Si somos capaces de diagnosticar rápidamente evitando demoras seremos más efectivos», asegura Vallina tras explicar que, pese a tener capacidad para realizar las propuestas de alta o incapacidad, no tienen ejecución inmediata. En su opinión, se han tomado algunas medidas favorables como por ejemplo el hecho de que las prórrogas de las incapacidades no queden sólo como una decisión del Sespa o la presencia de las mutuas en comisiones para controlar las ILT.
El cambio normativo a nivel nacional que permitiría a los mutuas autorizar o denegar bajas tratadas como contingencias comunes está pendiente de desarrollo desde 1996. «Estamos atados de manos», reconoce Daniel Díaz, responsable de la mutua Asepeyo en Gijón. Díaz se muestra cauto a la hora de valorar la eventual reducción de tiempos derivado de un cambio de normativa al asegurar que «será paulatino». Los estudios señalan a las comunidades de la cornisa cantábrica por su «contingencia altamente deficitaria».
Según Amat, la asociación de mutuas, los procesos gestionadas por mutuas duran 59.37 días en La Rioja y 92,18 en Asturias. De ahí, señala Vallina, la importancia de que en Asturias los diferentes interlocutores implicados en el proceso de gestión de bajas aporten soluciones para poner fin a un problema que califican de «grave».
Lo cierto es que los empresarios asturianos aseguran que el creciente protagonismo de las mutuas está contribuyendo a la resolución de las bajas laborales y a descargar de gastos al instituto público.
En 2006, el número medio de bajas laborales por enfermedad gestionadas mensualmente por las mutuas aumentó un 9%, hasta los 1.250. Pero la Seguridad Social mantiene su condición de gestor principal y sus resultados constatan que el trabajador asturiano por cuenta ajena sufre menos situaciones de incapacidad transitoria. Como promedio, en 2006 se iniciaron unos 5.700 procesos por enfermedad mensuales, 225 menos que en 2005.