Viernes, 1 de junio de 2007
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De buena cepa
Los expertos afirman que los viñedos de Cangas darán este año una buena cosecha, pese a la aparición de las primeras enfermedades
De buena cepa
APRENDIZAJE. Los participantes en el curso de poda en verde impartido por José Luis Díaz. / J. M. A.
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La calidad del vino se halla fundamentalmente en la cepa y la uva que produzca, aunque los procesos de elaboración son cada vez innovadores e importantes!. Con estas palabras resume el técnico de la Estación de Viticultura y Enología de Galicia, José Luis Díaz, la importancia de los tratamientos de las viñas durante el curso de poda en verde que se está celebrando en Cangas del Narcea e Ibias.

A lo largo de esta semana, una veintena de viticultores asisten a las clases prácticas de las nuevas técnicas de la poda en verde. Van de viña en viña, recorriendo los principales viñedos de Limés, Galiana y Punticiella, que en estos últimos años tenido un rápido crecimiento, tanto cuantitativo como cualitativo.

Este año, debido a la compleja climatología -«sobre todo las últimas lluvias y niebla», explica Díaz- se ha acelerado la aparición de los primeros ataques de las enfermedades botritis y blak-rok. No obstante, este experto en enología considera que con tratamientos a base de fungicidas antibrotitis «se podrán atajar estas plagas con facilidad».

Pero, los viñedos también presentan un lado positivo. El nacimiento de los racimos es muy elevado, «por lo que si el tiempo lo permite, este año tendremos una cosecha muy buena», afirmaron los viticultores que participan en el curso.

La poda en verde se hace en la vid para regular la masa foliar de la planta. La técnica consiste en sacar aquellas hojas que están a la sombra, aprovechando mejor la insolación. También se quitan aquellas que tapan al racimo de uva, mejorando la maduración de la uva y su salud al estar más seca y aireada.

En definitiva, se trata de mantener un vigor adecuado en la planta para obtener una cosecha suficiente y de calidad año tras año.

«Un buen vino»

Mientras que los viticultores se agachan entre las hileras para ir deshojando las cepas, José Luís Díaz, no se cansa de resumir la filosofía del laboreo: «Una viña bien tratada es el mejor de los escenarios para obtener una materia prima óptima para hacer un buen vino».

De acuerdo con esta filosofía, los gestores de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) del Vino de la Tierra de Cangas llevan años empeñados en mejorar las técnicas de laboreo -tanto en la poda de invierno, como la verde- para lograr la cantidad idónea de uva por planta y que se recolecte en el momento adecuado.

Desde su creación en 2001, la IGP del Vino de la Tierra de Cangas ha sufrido una evolución espectacular. A las seis bodegas adscritas ya se sumará la que se pondrán en marcha en Cecos (Ibias). Además, el número de viñedos y hectáreas plantadas va en un progresivo crecimiento. Se calcula que desde 1997, fecha en que se fundó la Asociación de Cosecheros y Elaboradores del Vino de Cangas (Aprovican) se han plantado unas 200.000 cepas.

Del progresivo abandono del cultivo de la vid, en estos diez últimos años se ha pasado la progresiva recuperación de una cultura propia del vino en Asturias, con un sector en alza que produce unos 300.000 litros anuales, de los cuales unos 150.000 litros salen al mercado con el certificado de calidad.

Además, del escaso o nulo interés que sentían los visitantes y turistas por los viñedos y bodegas, ahora se plantea la necesidad de potenciar y promocionar el enoturismo, con visitas guiadas y degustación de los caldos en alguna de las bodegas.

 
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