EL mes de mayo concluyó ayer con un elevado número de bajas norteamericanas en Irak (117 soldados muertos, la peor estadística desde noviembre de 2004), otro gravísimo atentado con coche-bomba en Faluya (25 muertos) y, dato muy relevante, sin obtener la liberación de sus soldados capturados la semana pasada. Hay que añadir, además de que dos de los muertos eran los tripulantes de un helicóptero abatido, que uno de los secuestrados fue asesinado y que el martes fueron capturados además cinco británicos en pleno Bagdad, de los que cuatro son agentes de seguridad (por lo general, ex militares de las fuerzas especiales mejor pagados que en el ejército).
El incidente tiene todo el aspecto de una venganza política por la muerte el viernes pasado a manos de soldados británicos del jefe militar de la corriente al-Sadr (chií anti-americana) en Basora, Abu Qadir, y fue ejecutada con tal audacia y amplitud de medios que se sugiere claramente que fueron policías oficiales, leales a Muqtada al-Sadr, quienes la llevaron a cabo, lo que ahorra comentarios.
Los norteamericanos han perdido desde la invasión de 2003 unos 3.470 hombres y el número de heridos, muchos de ellos con secuelas graves, multiplica esa cifra por cuatro. La Administración interioriza sin reconocerlo explícitamente que si en setiembre no puede presentar mejoras claras y comprobables sobre el terreno le será políticamente imposible prorrogar esta compra de tiempo que hizo cuando el presidente Bush ordenó un 'surge' (algo así como oleada, impulso) para garantizar la seguridad al menos en Bagdad.
La oposición demócrata hace frente a la creciente perplejidad de buena parte de sus votantes, que la llevaron a la victoria en noviembre pasado, por su decisión de asumir que debería aceptar la financiación de la guerra si no quería poner a Bush, comandante en jefe, en situación insostenible, pero no ha tirado la toalla, cree que el informe que debe presentar en septiembre el general Petraeus será decisivo y le permitirá retomar la iniciativa.
Y lo será no sólo porque Washington tenga que acomodarse al hecho de que no puede resolver militarmente la situación, sino porque tras el verano el escenario político norteamericano estará inmerso en la campaña pre-electoral. El Gobierno, pues, sabe que trabaja contrarreloj, han pasado ya tres meses y medio exactamente desde que empezó la operación en Bagdad y los resultados son malos por ahora.