El tren de las negociaciones con Izquierda Unida ya se ha puesto en marcha y ha sido el secretario general de la FSA, Javier Fernández, quien ha dado el primer golpe de acelerador. Al término de la reunión mantenida por la ejecutiva socialista para analizar los resultados del 27-M, Fernández salió a la palestra para anunciar que anoche mismo tenía previsto dirigerse al coordinador de la coalición, Jesús Iglesias, con el objetivo de abrir un diálogo que desemboque en un acuerdo «que dé estabilidad al futuro Gobierno». Con todas las opciones abiertas, dado que admitió que contempla tanto un pacto que suponga la presencia de IU en el Ejecutivo como un consenso parlamentario, el líder de los socialistas asturianos lanzó un primer mensaje que sonó a aviso a navegantes al ser preguntado sobre las exigencias de Iglesias y los suyos a propósito de la oficialidad de la llingua o el embalse de Caleao. Hay cuestiones que el PSOE considera «de interés general y que no son objeto de transacción», dijo.
Como ya hizo cuando anunció su negativa a aspirar al número uno de la candidatura socialista, puesto que finalmente ocupó Vicente Álvarez Areces, Fernández optó por un estilo solemne y escueto para hacer público el inicio de los contactos. «Es razonable hablar primero de programa y después del formato que puede tener el pacto», aseguró en un primer momento, dejando clara su negativa a «prejuzgar» si el resultado final será similar al actual -dos consejeros de IU en el Ejecutivo de Areces- o se limitará a un acuerdo en la Junta General. «Se verá en la negociación», precisó, porque el gran objetivo a cumplir es garantizar un Gobierno «estable».
Cuestiones «complejas»
¿Cuál será el punto de partida? Se comenzará a hablar, indicó, con la intención de poner en práctica el programa electoral socialista, «en sintonía con los planteamientos de IU en lo que podamos aproximarnos». El resto de cuestiones, aquellas que son más susceptibles de fricción, serán «más complejas» de cara a buscar un consenso. En ese terreno pantanoso en el que se mueven cuestiones como el embalse de Caleao, la oficialidad del asturiano o la reforma del Estatuto, Fernández no quiso generar polémica y se limitó a recordar que fueron los líderes de Izquierda Unida quienes hicieron las manifestaciones más contundentes al respecto. «Nuestra respuesta fue que no convenía fijar líneas rojas e insistimos en ello», argumentó.
El número uno de la FSA insistió en que desde su partido no se ha hablado en ningún momento de «barreras infranqueables», aunque dejó bien claro un mandamiento sobre el que el PSOE prevé que pivote la inminente negociación. Hay aspectos que los socialistas consideran de interés general y que, por lo tanto, no son en ningún caso «objeto de transacción».
Más allá de esas alusiones generales, Javier Fernández despejó balones a uno y otro lado. Dijo que sería «adelantarse demasiado» hacer una valoración sobre la creación de una vicepresidencia en el Gobierno y, en esta misma línea, eludió valorar la exigencia del número dos de IU, Francisco Javier García Valledor, de que se establezca un sistema que permita resolver los problemas internos de un Ejecutivo de coalición sin necesidad de que las diferencias trasciendan a la opinión pública. Su análisis se centró en recordar que las negociaciones entre ambas fuerzas políticas en 2003 «fueron complejas» y que, previsiblemente, «éstas también lo serán». Su esperanza, eso sí, es que el proceso sea esta vez «más sencillo».
No quiso el dirigente concretar con exactitud cuándo comenzarán las conversaciones con IU -«mañana, pasado, el lunes»- aunque sí fue especialmente contundente a la hora de valorar con qué peso cuentan ambas fuerzas de la izquierda a la hora de tensar la cuerda durante la negociación. «La situación es la misma que hace cuatro años; no estamos más débiles», advirtió en relación con las interpretaciones que desde Izquierda Unida se hacen del resultado electoral, atribuyéndose una mayor fuerza que en 2003 en la medida en que mantiene sus cuatro escaños mientras que el PSOE pierde uno y se queda en 21 diputados. «Hemos ganado las elecciones, y lo digo sin prepotencia», aseveró.
A falta de una fecha exacta de reunión, la necesidad de iniciar el diálogo se desprende de la fecha establecida -16 de junio- para que se lleve a cabo la constitución de los ayuntamientos. En este sentido, el secretario general de los socialistas asturianos considera «más sencillo» reeditar el pacto municipal de hace cuatro años para permitir gobernar a la lista de izquierdas más votada en aquellos casos en que es necesario un consenso para asumir la Alcaldía. «Es algo que nos conviene a ambos», detalló, de forma que después se daría margen a las organizaciones locales para que, a partir de ese precepto general, concreten cada acuerdo específico.
«Balance positivo»
A partir de ahí, y vinculando cualquier otra novedad al inicio efectivo de las conversaciones, Fernández abundó en un repaso optimista de los resultados electorales. Al «muy positivo» balance autonómico «después de haber ganado en votos y escaños» sumó «el mejor resultado de la historia» en unas municipales, que a su juicio, ha demostrado la «implantación en el territorio» de la que goza el PSOE y el «buen hacer» del partido durante la campaña.
Respecto al Partido Popular, recurrió a la ironía para expresar su satisfacción «porque se les ve muy animados». En cuanto a las valoraciones de sus dirigentes sobre la esperanza que supone haber sido el partido más votado en la circunscripción central, también optó por un tono jocoso para mostrar su convencimiento de que el auge que prevén Ovidio Sánchez y los suyos «será a muy largo plazo».