Sábado, 2 de junio de 2007
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CONTRAPORTADA

MANUEL ALCÁNTARA
Allegados más próximos
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EL 'compañero Sebastián' se ha quedado sin amigos y sin acta de concejal. Está solo, «como los muelles en el alba», y tiene que ponerse la propia mano en el hombro si quiere sentir la compañía de alguien. Su batacazo electoral le ha roto la espina dorsal, pero le ha dejado muchas otras que tendrá que ir arrancándose poco a poco. De no padecer una sincera calvicie, estaría pensando que es verdad eso de que las ambiciones cortesanas son prisiones donde el ambicioso muere y donde al más astuto nacen canas.

La verdad es que no era el más astuto. Ha batido la plusmarca del ridículo político y en muy poco tiempo ha vuelto a ser el desconocido que era cuando debutó en ese circo, pero hay que reconocerle la virtud de la obediencia. Cumplió órdenes. Puso la cara y desenvainó su navaja cabritera, que era la única arma que tenía. Quedó como lo que es: un mandado de pocas luces. Ahora sus más próximos allegados están a mucha distancia y sólo tres de los miembros de su lista se han dignado a acompañarle camino de la Universidad, donde dará sus lecciones. Menos mal que la elegancia no es la asignatura. Su caso puede asemejarse al de aquel jefe de personal de una gran empresa que llamó a uno de sus empleados y le dijo:

-Voy a darle a usted una oportunidad para que sea algo en la vida: queda despedido.

Su empresa se ha negado a apoyarle y se va, con su navaja entre las piernas. No es que deje la política, es que la política le ha dejado a él. La personalísima apuesta que hizo Rodríguez Zapatero para conseguir la Alcaldía de Madrid revela que el señor presidente no serviría tampoco para ojeador de un club de fútbol. Que santa Lucía le conserve la vista. Y, de camino, la lucidez.

 
Vocento

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