AHÍ van otras diez definiciones (o así) incorporadas por el motejado Dascoíte a ese 'Diccionario del disparate' que lleva camino de convertirse en una obra más voluminosa que el diccionario de la Real Academia:
Anónimu: en la peculiar jerigonza utilizada por los socios de la ATUFA (Asociación de Tragones Ufanos de Fabada Asturiana), úsase este vocablo para referirse a la actitud pasiva de aquéllos cuyos traseros permanecen silenciosos durante las digestiones del plato insignia de nuestra rica gastronomía.
Colmo: el de aquel rector magnífico que padecía claustrofobia.
Escrutini: dícese del recuento y cómputo de votos favorables a Tini Areces, como fue el caso de las últimas autonómicas.
(Por cierto que les contaré una anécdota con el ruego de que no salga de este paréntesis, dado que es una información confidencial facilitada por el eminente siquiatra nipón Mikoko Taduro. Resulta que el candidato Ovidio Sánchez díjole recientemente al galeno: «Yo no 'tini' obsesión alguna con mi rival, aunque 'a reces' pienso que no hay derecho a sacar más votos que él y no poder gobernar»).
Historieta: tras leer el diálogo que subsigue, deducirá el avezado lector que se trata de una palabra formada por la contracción de otras dos:
«-La independencia con sangre entra- dijo una acémila terrorista etarra.
-¿Entrarióla!- exclamó un demócrata.
Ignorancia: la de la persona que no tiene ni idea de cosas que nosotros sí sabemos, aunque pudiera tener otra clase de conocimientos de los que nada sabemos nosotros.
Meloodiosa: canción del verano.
Menestra: por asociación de ideas, este plato compuesto fundamentalmente de hortalizas sirve también para denominar a la mandamás gubernamental en el ámbito agrícola.
Político: especie en peligro de expansión.
Reflexión: «si fuera cierto eso de que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, la verdad es que no tendría ni el más mínimo interés por conocerlo».
(Tomás de Aquisí, escolástico más bien elástico).
Tuberculos: si ir a playa nudista de Peñarrubia en día soleado.