Joaquín Aréstegui dejará de ser concejal del Ayuntamiento de Avilés este mismo mes, en cuanto se constituya la corporación. Personaje controvertido, hasta sus rivales reconocen sus innegables habilidades.
-¿Por qué deja el Ayuntamiento?
-Ya lo había dejado en 1999. Lo que ocurre es que para las elecciones de 2003 se dio una profunda renovación en la candidatura, y se pensó en equilibrarla con alguien que aportara experiencia. Se acababa de superar una mala situación entre el grupo municipal y la dirección del partido, y entré en la lista para echar una mano. Ahora ya tenemos un grupo experimentado, con una magnífica relación con el conjunto del partido, por lo que no se ha considerado necesario que siga, aunque para mí sea un honor.
-¿Cuál es el mejor recuerdo que se lleva de su paso por el Ayuntamiento?
-Sin duda, el mejor fue la toma de posesión cuando llegamos al gobierno en 1995. Aquella etapa fue muy bonita para mí, porque nos permitió sacar adelante proyectos como las obras en el casco histórico: las plazas de España y El Carbayedo, el edificio del Archivo Histórico, los jardines de Ferrera. Como vecino, es muy gratificante ver cómo puedes contribuir a cambiar tu ciudad para bien.
-¿Y el peor recuerdo?
-Pues también fue en aquella etapa en el gobierno. Entonces se me cayó el pelo realmente, acabé sufriendo una alopecia por el estrés. Fue duro, porque gobernamos en minoría, estuvimos cuatro años sin poder aprobar unos presupuestos, luego pasó lo del infarto del alcalde... fue un gobierno duro.
-Hay quien le culpa a usted de todos los males del PP de Avilés.
-Eso es normal, para los críticos siempre será el presidente el que lo haga todo mal. Pero creo que en estos 14 años que llevo en el cargo ha habido de todo, momentos buenos y malos, pero el balance es positivo. Si siguiera el mismo esquema de los que critican, diría que todo lo contrario, y el ejemplo son estas elecciones, donde yo iba sólo en la lista para las autonómicas y no apareció ni una papeleta con mi nombre tachado, que suele pasar, y además sacamos 3.700 votos más que en las locales. Además, y esto es una broma, las dos veces que me presenté en la lista para las municipales ganamos las elecciones. Creo que hay que verlo todo siempre con serenidad, ni con odio, ni con autocomplacencia.
-Para usted, ¿la política lo es todo?
-Es mi vocación. Otros, de niños, quieren ser astronautas. Yo a los 14 años ya decidí que quería dedicarme a la política. Todo lo que hacía lo canalizaba hacia la política. Estudié Geografía e Historia porque me apasionaban las grandes crisis, los conflictos políticos históricos. Es mi manera de contribuir a la sociedad. Luego, en 1988, decidí entrar en el partido. Eran momentos malos para aquella Alianza Popular de Hernández Mancha, y decidí que era el momento de hacer política, no de dejar que otros la hicieran por mí. Hay quien piensa que ya nací liberado, pero empecé desde abajo, en Nuevas Generaciones, y luego el partido fue confiando en mí. Otros se afilian para salir de concejales.
-Habrá quien le critique por ser un 'profesional de la política'.
-Soy un profesional de la política y quiero serlo. Gracias a Dios, por ahora puedo vivir de ello, pero es que quiero hacer las cosas con profesionalidad. Otros dicen que valen para esto, pero cuando las cosas salen mal, se van y ahí dejan el pastel. La gente te exige que hagas las cosas bien, con profesionalidad, y eso precisa mucha preparación, que des el máximo, que dediques todo tu tiempo.
-Sin embargo, ¿no cree que esa visión distancia a los políticos del conjunto de los ciudadanos?
-Al contrario. El que dedica tiempo a esto tiene más contacto con la sociedad. Si vas a un hospital, quieres que te atienda un profesional, no alguien que se dedica a otra cosa y se dedica a la cirugía por afición. Pues esto igual, y ocurre en todas las democracias maduras. Estás en esto para gestionar los dineros públicos, de la gente, y eso es una gran responsabilidad que requiere la máxima cualificación, y así lo exigen los ciudadanos.
-¿Nunca le tentó ser alcalde?
-Sí. Para las elecciones de 1995 estaba con ganas, pero el partido consideró que no era oportuno, que era muy joven. Ahora ya no, me gusta mucho el parlamento, hace que me sienta plenamente realizado como político tras la experiencia municipal. ¿Madrid?, por ahora no me interesa.