En el plazo de dos a tres años, las relaciones más 'domésticas' de los clientes con las entidades de ahorro -domiciliación de recibos y de nóminas transferencias- van a experimentar drásticos cambios como consecuencia de la paulatina entrada en vigor de la Zona Única de Pagos (SEPA, por sus siglas en inglés) en la Unión Europea. El proyecto aspira a armonizar las formas de actuar en un territorio donde operan nada menos que 8.000 bancos y cajas y las prácticas y usos nacionales son radicalmente distintos. Al final del trayecto, los ciudadanos europeos podrán efectuar pagos en toda la zona desde una cuenta bancaria única, utilizando un mismo conjunto de instrumentos de pago y de forma igual tan sencilla y segura como lo hacen actualmente en su ámbito nacional.
La operatoria se va a simplificar pero los servicios cotidianos nos saldrán, finalmente, más caros o más baratos. Los reguladores - el Banco de España entre ellos-, prevén que las comisiones se moderarán para todos, gracias a la mayor competencia, y a la reducción de costes que implica un sistema informatizado. Para empezar, los usuarios adquiriremos una nueva identidad, determinada por las letras del país y una larga serie de números -se añadirán cuatro a la referencia actual de las cuentas corrientes- y lo mismo les ocurrirá a las instituciones. Los clientes tendremos un IBAN y las entidades un BIC, términos que con el tiempo se nos harán tan familiares como ahora nos resulta el NIF o número de identificación fiscal, que es el del documento nacional de identidad acompañado de una letra. «Habrá que saberse el IBAN del destinatario de una transferencia, por ejemplo, y darlo bien», explican fuentes del Banco de España.
Reducción de coste
Esa operación saldrá muy barata, casi gratis, por la fuerte reducción del coste que el nuevo sistema supone, pero el cliente bancario responderá de sus errores. Hoy, si se producen equivocaciones, las instituciones corren con el cargo que implica la reparación. El cambio en el esquema de responsabilidades es una importante novedad. Las comisiones que bancos y cajas se pagan unos a otros por terminación de los servicios quedarán abolidas y todo el 'dinero de plástico' irá provisto de 'chip' -en vez de banda magnética- lo que aumentará la seguridad de las transacciones. La prohibición de las comisiones interbancarias es un cambio decisivo que en España ya puede aplicarse a las transferencias, pero una opción que las entidades aún no han querido poner en práctica.
Cuando bancos y cajas no se pueden pagar entre ellos, la entidad final tendrá la tentación de cobrar a su cliente como única forma de resarcirse de los costes. Surgirán aquí distintas estrategias comerciales, como instituciones que se puedan permitir el lujo de ofrecer este tipo de servicios con carácter gratuito, del mismo modo que algunas ya han suprimido las comisiones para quien realiza cierto número de transferencias, por un determinado uso de la tarjeta o para apuntes bancarios. Fuentes del instituto emisor explican que la implantación del sistema SEPA se hará en España de forma paulatina por tratarse de un país muy bancarizado donde no se pueden cambiar las prácticas de un día para otro sin causar quebranto a los usuarios menos preparados. El primer paso consistirá en la aplicación del SEPA a las transferencias básicas a partir del 1 de enero de 2008.