Lunes, 4 de junio de 2007
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GIJÓN

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Playos con alma de carbón
La colonia de residentes originarios de las cuencas del Caudal y el Nalón reivindica su influjo en el «carácter abierto y folixero» de Gijón en su encuentro anual
Playos con alma  de carbón
LLENO. La carpa del encuentro de hermandad entre las cuencas, en El Arbeyal, agotó su aforo. / BILBAO
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Muchos de ellos llevan viviendo más tiempo en Gijón que en las localidades donde nacieron, se casaron y tuvieron descendencia. Recuerdan como algo «casi traumático» el traslado a la urbe por motivos laborales o familiares, lo que contrasta con la identificación que sienten ahora por su ciudad de acogida. Son las semblanzas que comparten las más de 20.000 personas que conforman la colonia de residentes en Gijón con raíces en las cuencas mineras del Caudal y el Nalón.

Ayer estos playos con alma de carbón reivindicaron en el entorno de la playa del Arbeyal, con motivo de su encuentro anual de hermandad, la influencia que ha ejercido su emigración en el «carácter abierto, hospitalario y folixero» que los foráneos siempre admiran en los habitantes de la villa de Jovellanos.

Rufino Ballesteros, gijonés natural de Mieres y artífice de la idea de reservar en el calendario un día para confraternizar con quienes han protagonizado su misma peripecia vital, recordó en público que alguien le dijo una vez que resultaría imposible la tarea de juntar a personas de las dos cuencas mineras en un mismo acto por la rivalidad existente entre ambas. «Sin embargo, aquello que parecía imposible Gijón lo ha hecho realidad, porque quienes hemos venido a vivir aquí somos todos gijoneses», enfatizó Ballesteros.

Pilar González y Faustino Braña, de Campomanes (Lena) ella y de Cardeo (Mieres) él, le dieron la razón. El matrimonio lleva 35 años viviendo en el barrio de Pumarín, aunque los dos hijos de la pareja nacieron en la cuenca del Caudal

«Fuimos desplazados por el trabajo de Tino en la siderurgia de Mieres a Gijón. Él ponía muchas pegas para marchar, y al principio durante 18 meses estuvimos yendo y viniendo a nuestra vivienda en Cardeo, donde regentábamos también Casa Tudela, un chigrín de pueblu con bolera. Sin embargo, lo que son las cosas, ahora no arrancamos de aquí», explica la mujer.

Faustino, aficionado a cantar tonada, señala que Gijón se ha convertido en una referencia de la cultura y las tradiciones asturianas gracias a muchos como él y su esposa. «No he quedado nunca campeón en ningún concurso, pero tengo más de 60 trofeos en mi haber. Hasta que no llegué a Gijón, curiosamente, no se me despertó el gusanillo de subirme a un escenario a interpretar», anota.

Tino y Pilar aseguran sentirse «encantados en Gijón» donde su prole se ha casado y tienen a la mayoría de amistades, pero sin renegar por ello de sus raíces. «Yo la patria no la niego», dice él, para defender su pueblo natal.

Otras circunstancias distintas son las que se entretejen en la biografía de Gustavo Peruyero y Mercedes Estévez. Él es piloñés de nacimiento, pero la vida le cambió en Sama de Langreo, donde encontró un puesto de trabajo y conoció al amor de su vida. El matrimonio resistió en la cuenca del Nalón hasta hace 21 años, cuando «los hijos, que son todos langreanos, tiraron para que viniésemos a Gijón».

Él trabajó 35 años en La Felguera. Primero en Duro Felguera y después en Uninsa y su sucesora, Ensidesa. Aunque confiesan que al principio les «costó» hacer las maletas, ahora afirman que se sienten muy a gusto viviendo en La Calzada. «Ahora lo tenemos claro. De Gijón al cielo», señala Gustavo con sorna, para apostillar a continuación que «en esta ciudad se vive muy bien, hay de todo y hasta los gatos anden fartos de cabezas de pescao». Sama lo ven ahora con otros ojos: «Dio trabajo a mucha gente de toda España por la industria y las minas. Ahora cerró casi todo y la juventud tiene que salir a trabajar fuera».

Festival de tonada

La atracción principal del encuentro de oriundos de las cuencas fue un festival de tonada que, por cuarto año consecutivo, organizó EL COMERCIO. En esta edición participaron los intérpretes Manuel García Miranda, de Cabranes; Serafín González, de Aller; y Faustino Braña, de Mieres.

El gaitero fue Armando Fernández Robledo, de Nava. El presentador del festival fue Fernando Ruiz, maestro de ceremonias también del Concurso de Canción Asturiana de la plaza Mayor. Ruiz recitó al público una poesía de Arsenio González, de la Compañía Asturiana de Comedias, titulada 'Tercera edad'. Pero como no sólo de folclore asturiano vive el hombre, los organizadores del encuentro repartieron entre los asistentes 3.000 bollos preñaos y 1.000 litros de sidra.

 
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