Lunes, 4 de junio de 2007
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La lucha 'yihadista' contra el Ejército libanés se extiende a un segundo campo de refugiados
Situado en el sur del país árabe, Ain el-Helu acoge al mayor número de expatriados palestinos
La lucha 'yihadista' contra el Ejército libanés  se extiende a un segundo campo de refugiados
Refugiados del campo palestino de Ain el-Helu muestran su temor tras los enfrentamientos armados de ayer. / EFE
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Se veía venir. Apenas cuatro horas antes de que otro grupo 'yihadista' y vinculado a Al-Qaida, Jund al-Sham, iniciara ayer por la tarde duros enfrentamientos con el Ejército de Líbano en el campo de refugiados palestino más grande del país, el de Ain el-Helu, cercano a la ciudad de Sidón, las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno hace años advertían de un estallido inminente. «Nuestra mayor preocupación ahora es Ain el-Helu -señalaba el responsable de Movimiento por la Paz (MPDL), Jan Kristoff-. Hace tres días que la tensión es asfixiante Lo que está pasando en Nahr al-Bared está afectando muy gravemente la estabilidad de los campos. Puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento». Y ocurrió.

Mientras la lucha armada proseguía a un ritmo obsesivo en el norte, el grupo radical suní Jund al-Sham -el Ejército del Creciente Fértil, que nada más estallar la crisis de Nahr declaró su apoyo a la lucha de Fatah al-Islam en un comunicado- extendía al sur del país árabe los enfrentamientos contra las tropas al hacer impactar una granada de mano en un puesto militar situado en la entrada norte de Ain el-Helu, que causó heridas a un soldado y a un civil, según fuentes hospitalarias.

La agresión se producía, al parecer, en represalia por la muerte en Nahr al-Bared de dos líderes de Fatah al-Islam, entre ellos su 'número dos', conocido como Abú Riad, presumiblemente vinculados tiempo atrás con los extremistas suníes de Jund al-Sham y según confirmaron fuentes del propio grupo integrista.

Intercambio de fuego

El ataque desembocaba de forma inmediata en un intercambio de fuego, en el que también intervinieron miembros de la milicia palestina Al-Fatah, que tomaron posiciones en los edificios más altos del campo para auxiliar a las Fuerzas Armadas libanesas.

«Haremos todo lo que podamos para controlar la situación y que esa banda no arrastre Ain el-Helu a una guerra con el Ejército», decía a la cadena pública libanesa LBC el máximo responsable de Al-Fatah en el territorio de los cedros, Sultan Abuleinein.

Al pronunciar estas palabras, Abuleinein era consciente de que los guerrilleros de Jund al-Sham ya la habían emprendido a tiros contra sus hombres el jueves pasado y de que, en enero de este año, el mismo grupo de filiación salafista asesinó a un soldado del Ejército libanés en un enfrentamiento interpretado ahora como el antecedente más claro de la actual crisis de Nahr al-Bared.

Allí, 120 kilómetros al norte del nuevo foco de conflicto de Ain el- Helu, los combates continuaban ayer por decimocuarto día consecutivo a fuerza de disparos de artillería del Ejército, pero también con estruendo de metralletas que demuestran que la infantería libanesa ya ha penetrado en el campo de refugiados -hasta 400 metros, según fuentes militares- y que persiguen a los rebeldes casa por casa.

En medio de la devastación, el portavoz de Fatah al-Islam, Abú Salim Taha, acusaba ayer en un comunicado a la fuerza interina desplegada por Naciones Unidas en el sur de Líbano -en la que se integra un millar de soldados españoles- de estar colaborando con el Ejército en el asedio a Nahr al-Bared, extremo que fue negado oficialmente por el mando de la misión internacional.

 
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