Lunes, 4 de junio de 2007
Registro Hemeroteca

en

OPINIÓN

OPINIÓN ARTICULOS
El incontrolable crecimiento chino
EL descubrimiento de que una parte de los medicamentos fabricados en China son falsos y han causado más de cien muertos en Panamá ha provocado una cierta conmoción en la sociedad occidental. Podría decirse que se trata de una reacción un tanto hipócrita.

Nuestra sociedad lleva varios años dando a China la categoría de 'fábrica del mundo' y aprovecha y saca partido de los bajos precios de sus productos que se comercializan en todo el mundo. Sólo en algunos casos, como en el sector del automóvil, donde confluyen muchos intereses económicos, sindicales y medioambientales, se impide que la mercadería china invada los países occidentales. Sin embargo, no ha habido ningún inconveniente en que los zapatos o tejidos chinos hayan hecho desaparecer a los fabricantes españoles o italianos.

Occidente está asumiendo esa agresividad comercial china y le abre sus mercados sin apenas indagar en las condiciones que permiten una producción a tan bajo precio. A Occidente le interesa que China se convierta cuanto antes en una gran potencia mundial y que su inmensa población alcance un nivel de renta lo suficientemente alta como para que demanden los productos y servicios que ofrecen los países más desarrollados. China representa el futuro para unas grandes multinacionales que son plenamente conscientes de que se les permitirá desarrollar sus negocios y podrán rentabilizar la demanda del mayor mercado del planeta en la medida que no pongan trabas a su actual y salvaje crecimiento.

Por eso, China crece, fabrica, copia sin pagar royalties, ensucia y envenena sus ríos y los de los países limítrofes. Cuando llegan las noticias de un gran drama, como el que les ha tocado vivir a los enfermos de Panamá, que tomaban un jarabe chino que era puro disolvente, se amortiza como si fuera un inevitable incidente en su fuerte desarrollo.

Los bajos precios de los productos chinos pueden resultar carísimos a medio y largo plazo. Nadie sabe la verdadera contaminación que está produciendo su inmensa maquinaria productiva. Tal vez porque, estúpidamente, consideramos que sólo afecta a su medio ambiente, como si los ríos y las nubes de gases tuvieran prohibido traspasar unos límites determinados.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo


Canales RSS