Lunes, 4 de junio de 2007
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OPINIÓN

OPINIÓN EDITORIAL
Tragedia incesante
EL último caso de violencia doméstica ocurrido en nuestro país, en el que se ha dado la lamentable circunstancia de que la mujer muerta en Vitoria a manos su pareja había retirado ante el juez cinco meses antes la denuncia por malos tratos psicológicos, pone en evidencia los límites de una ley que se redactó con amplias ambiciones pero que se ha topado con una terca y dramática realidad. En la última semana ya son cinco las víctimas mortales, 31 en lo que va de año, con lo que se igualan las cifras actuales con las registradas en el mismo periodo de 2006.

España dispone de una Ley Integral contra la Violencia de Género, referente incluso para otros países desarrollados, pero de cuya eficacia se empieza a dudar ya. Los hechos están demostrando que falla la aplicación de la norma pero, sobre todo, los mecanismos educativos, familiares, culturales y sociales de los que se sirve el individuo en la relación con sus semejantes. Ya no puede achacarse a un obtuso machismo arcaico que se niega a perder su injustificable dominio sobre el sexo femenino la carga absoluta de la tragedia. El hecho de que todos los países sufran de este abominable azote -España, de hecho, se ve superada por países como Alemania, Italia, Reino Unido, Suiza o Dinamarca- y que sean víctimas de ella mujeres de todas las edades, obliga a huir de estereotipos balsámicos para el resto de los ciudadanos. Montserrat Comas, presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica -institución dentro del Consejo General del Poder Judicial- tiene razón al alarmarse por este pasado mes de mayo 'especialmente sangriento', pero precisamente por ello, por el nulo avance conseguido, es hora de lanzar propuestas más eficaces. Y en este sentido llama la atención que no exista algo tan lógico como lo que el ministro de Justicia propuso el pasado jueves: un análisis criminológico sobre la violencia de género a partir de los datos y sumarios existentes. Sólo disponiendo de estudios de esta naturaleza seremos capaces de acercarnos a los verdaderos orígenes de este execrable fenómeno y poner a disposición de la sociedad las herramientas adecuadas para diagnosticar exactamente qué es lo que convierte aquel inicial e ilusionante proyecto de vida en común en un torbellino de destrucción imparable.

 
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