Cada inmigrante latinoamericano envía unos 3.000 euros al año a su país de origen, es decir, el 15% de los ingresos que obtiene en España. Con este dinero, que en 2006 superó en total los 3.730 millones de euros, viven ocho millones de personas en ese continente. La transacción media por trabajador es de 270 euros, y la repiten unas diez veces por ejercicio. El problema para este colectivo es que cada operación les cuesta una media de cuatro euros (en torno al 2% de la cantidad remitida), suma que varía en función de que acudan a una compañía especializada en remesas o a una entidad financiera común, como los bancos y las cajas de ahorro.
La última actualización del censo revela que en España trabajan 1.820.000 inmigrantes latinoamericanos -el triple que hace cinco años-, que representan el 5% de la población del país y el 7% de la fuerza laboral. En su mayoría (60%) proceden de la zona andina -Ecuador (414.000), Colombia (136.000) y Perú (126.000)-, y son quienes llegan de regiones más pobres los que en mayor número mandan dinero, aunque en menores cantidades.