Miércoles, 6 de junio de 2007
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Asturianismo político
PASADAS las elecciones autonómicas y municipales tenemos el mapa de la realidad política asturiana. Los dos grandes partidos, PSOE-PP, conforman el 60% de la sociedad asturiana; se queda en un 30% el otro gran partido que existe en nuestra sociedad (la abstención y el descontento), y hay un 10% que ha ido destinado a la conformación del asturianismo político, encarnado en la coalición IU-BA-Los Verdes y en preferencias más minoritarias de partidos y coaliciones que pugnan de una manera cainita entre ellos por unos puñados de votos.

Lejos queda ya el asturianismo político de finales del siglo XIX y principios del XX, identificado con la Xunta Rexonalista, la Liga Regionalista Asturiana o el Republicanismo Federal Asturiano. De todas esas fuentes, a partir de la transición política, no se supo beber por parte de los partidos políticos que están en ese ideario. A partir del año 1991, el asturianismo político unido (coalición PAS-UNA) logró 14.569 votos y colocó a un diputado en el Parlamento asturiano al lograr sus mayores apoyos el PAS en las elecciones de 1995, con 20.659 votos, pero ya sin esa unidad que se había logrado en el año 1991. La aparición de URAS en las elecciones del año 1999 supone una traslación del voto asturianista, en parte, hacia la opción más posibilista, la URAS, que alcanza tres diputados. Además, durante toda esta época, IU va consolidando un giro hacia las posiciones más asturianistas, lo que hace que este voto se reparta aún más hasta que, tanto en las elecciones de 2003 como en estas de 2007, IU sea la fuerza política aglutinante de casi todo el voto político asturianista.

A partir de estas elecciones, este voto asturianista está expectante; en primer lugar, para ver si es IU quien definitivamente se queda con él (ya veremos cuál es su peso político como fuerza de oposición o como socio del gobierno asturiano) y, en segundo lugar, para comprobar si se produce la aparición de una fuerza política que sume los esfuerzos del regionalismo y el nacionalismo asturianos y que tenga capacidad de conexión con la sociedad asturiana.

No hay más que mirar para otras comunidades autónomas para ver que ante el bipartidismo feroz, PSOE-PP, tipo Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia, existe la posibilidad de una opción política autóctona que vertebre la reivindicación de la tierra. Los ejemplos están a la vista con Canarias, Andalucía o Cantabria, y se llegó incluso a tener opciones políticas sobre la clásica dicotomía izquierda-derecha en Aragón y Mallorca. En todas esas comunidades autónomas, el 'partido autóctono' es un partido bisagra y practica una política pegada a la realidad socio-económica de su tierra, lo que le hace tener un electorado fiel, aunque minoritario.

Quien más se va a jugar los cuartos en estos cuatro años va a ser IU. Por dos razones. La primera, que ante una convocatoria electoral, siendo socio de gobierno y con la llamada al 'voto útil' como juego excluyente de los partidos mayoritarios, siempre va a llevar las de perder, salvo que aparezca con una actuación propia y diferenciada, aun a riesgo de romper dicho gobierno. La segunda es que cualquier camino que avance en las posiciones asturianistas conllevará una importante inestabilidad en la organización de sectores tipo PCE que no comulgan para nada con este ideario.

Como conclusión, queda una etapa por desarrollar; bien sea IU, bien sea un proyecto aglutinador, en Asturies existe potencialidad para el discurso asturianista, siempre y cuando pueda permitir opciones tanto de pacto como de ruptura política con los partidos mayoritarios para el desarrollo de políticas socio-económicas pegadas al territorio. La otra alternativa es el bipartidismo feroz, salvo que un 'Ciudadanos' a la asturiana seccione parte del voto mayoritario. Pero eso es otra historia.

 
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