Los nuevos toldos móviles para la venta ambulante del mercado de El Fontán, comprados por la empresa concesionaria con una subvención municipal, pesan «más de 100 kilos». En consecuencia, a la mayoría de los comerciantes de la plaza les resulta casi imposible montar este lastre cada día a las siete de la mañana, y volver a desmontarlo al mediodía.
De hecho, ya son 20 de los 29 puestos (19 pegados a la plaza de abastos y 10 bajo los arcos) los que han tenido que recurrir a dos montadores contratados para realizar esta función. Como todo trabajo, tiene un precio: 7 euros diarios, lo que supone 140 al mes. Ayer, Julia Oliva, en representación de los vendedores, describió los problemas económicos que les está acarreando la renovación. «Estos todos disgustados. Las ventas cada vez bajan más, pero los gastos suben. Entre Seguridad Social, los recibos y esto, tenemos unos gastos fijos de 500 euros», calculó.
Después de una semana pagando dicho servicio,los vendedores solicitan a la Concejalía de Consumo y a la empresa que les presten ayudas económicas: «Mercados El Fontán cobró una subvención de 120.000 euros (para la instalación de los toldos), que no me digan que gastaron todo el dinero y que nos den para esto», protestó ayer Oliva.
Los concejales Roberto Sánchez Ramos y Celso Miranda también se preocuparon ayer por esta situación. Solicitaron que «en la próxima Comisión Social se trate este asunto y se planteen soluciones al mismo».
Recordaron, al igual que Oliva, que la mayor parte de los vendedores tiene ingresos muy bajos «como para poder permitirse el lujo de pagar 140 euros por el montaje y desmontaje».
La estética
En cuanto a la estética, la asociación de vecinos de la zona aplaudió ayer las nuevas estructuras frente a las anteriores. Su presidenta, Ana Isabel Álvarez Balbín, indicó que «estamos encantados» con la renovación de las cubiertas, primero por la calle de El Fontán y después por el Arco de los Zapatos.
«Para nosotros, que los dejaran todo el día era un hándicap», dijo. Les impedía, por ejemplo, pintar la fachada con andamios. Además, concluyó, era una contradicción: «Siempre defendimos que si era venta ambulantes, los puestos no podían ser fijos».