Un desgraciado accidente volvió a teñir de luto ayer las cumbres de los Picos de Europa. Una pequeña inglesa de 11 años, Gemma King, falleció a consecuencia de una aparatosa caída desde una roca de unos cuatro metros de altura en la majada de Camburero, en el corazón del macizo rocoso. La niña se precipitó mientras jugaba con su hermana pequeña de ocho años, Laura, en un lugar que aparentemente no ofrecía demasiado peligro.
Tras subirse al saliente rocoso, la niña cayó ante los ojos de sus padres, que la acompañaban en la excursión, y se golpeó contra las piedras del suelo, rodando después unos diez metros por una pendiente. Los golpes que sufrió, el más importante de ellos en la cara, acabaron con su vida tras dos largas horas en las que su familia y las asistencias médicas hicieron todo lo posible para salvarla.
La excursión se inició a primera hora en la villa de Bulnes, donde la familia había dormido la noche anterior en Casa Chiflón. Sólo había tres camas, por lo que las niñas pasaron su última noche juntas compartiendo el mismo lecho. Tras desayunar y dar un paseo por la parte alta del pueblo, la familia, originaria de la pequeña localidad de Ilkley -al norte de Inglaterra-, inició su ruta en dirección al refugio de la Vega de Urriellu, donde tenía pensado hacer noche.
Los padres, expertos montañeros y grandes conocedores de esta zona, que han recorrido «en infinidad de ocasiones», decidieron encaminar sus pasos a través de la canal de Balcosín, donde pararon en varias ocasiones a descansar. «Las pequeñas estaban haciendo casitas para las hadas en las rocas, adornadas con flores», recordaba ayer la madre. Después siguieron ruta a través de la peligrosa canal de Camburero, tramo que realizaron «con gran precaución y lentamente, siempre conocedores de los riesgos», explicaron.
Tras atravesarla, alcanzaron la majada del mismo nombre hacia la una de la tarde. Allí decidieron tomarse un descanso y reponer fuerzas. «Era un día maravilloso y el lugar era perfecto. Nada más llegar, las pequeñas volvieron a recordar las casitas de las hadas Las niñas jugaban felices. Hasta aquel momento era el mejor día de nuestras vacaciones», explicaron apesadumbrados. Sin embargo, mientras la madre preparaba la comida y el padre contemplaba el paisaje con sus prismáticos, se produjo el fatal accidente.
«Las niñas estaban acostumbradas a andar por zonas rocosas y eran tremendamente responsables y cuidadosas, porque así se lo habíamos enseñado. Siempre las animamos a disfrutar de la montaña. Sabemos que es peligroso, pero fue mala suerte, un fatal accidente mientras jugaban», relató el padre entre lágrimas pocas horas después. La madre contempló horrorizada cómo la pequeña se golpeaba contra el suelo y rodaba por la pendiente. Cuando acudieron a socorrerla, la niña, explicó su padre, «tenía el pulso acelerado y respiraba bien, pero tenía un gran golpe en la cara».
Sin teléfono móvil
Con decisión, y conocedores de que otros dos ingleses les precedían en la misma ruta, el padre echó a correr tras ellos para tratar de pedir ayuda. «Nosotros no llevábamos teléfono móvil, en la mayoría de los sitios no hay cobertura, así que no solemos utilizarlo», reconocieron. Tras alcanzarlos, intentaron contactar con los servicios de asistencia. «La verdad es que no sé muy bien si lo conseguimos», apuntó el padre. Después, les encargó a sus compatriotas que siguiesen intentándolo y que diesen aviso en el refugio. La llamada de alerta llegó al 112 Asturias a las 14.38 horas.
A la llegada del helicóptero al lugar, que pertenece al concejo de Cabrales, otro grupo de ingleses que había llegado al lugar mientras el padre pedía ayuda trataban de reanimar a la niña, que había empezado a tener dificultades para respirar. El propio padre, de vuelta junto a su familia, trató de hacerle la respiración artificial cuando la niña empeoró. Después tomaron el relevo las asistencias sanitarias, que intubaron a la pequeña, la estabilizaron e iniciaron su traslado al hospital de Arriondas, donde una UVI móvil se hizo cargo de ella a las cuatro menos cuarto de la tarde. Lamentablemente, la pequeña había fallecido durante el traslado. Los padres, que se habían quedado esperando en el lugar de la caída, supieron la noticia cuando el helicóptero volvió a por ellos. «Los médicos nos dijeron que, aunque hubiese llegado viva, no hubiesen podido hacer nada por salvarla, el golpe había sido demasiado fuerte», explicaron entre sollozos.
Trámites
Después, todo fueron llamadas a la familia, papeleos, contactar con el consulado y preparar la repatriación del cadáver. Se les buscó alojamiento en un establecimiento cercano al hospital, adonde se trasladaron a media tarde con su otra hija. En la habitación 213 del Hotel La Guindal, el dolor les fue embargando mientras se lamentaban por lo sucedido. Aún así, aceptaron relatar a EL COMERCIO toda su historia «en memoria de nuestro ángel».
Los padres quisieron también que una foto de la niña ilustrase la información. «Perdimos a nuestra hija, estábamos todos felices en un día perfecto y en un entorno maravilloso. Puede que suene extraño, pero quizás sea mejor así que en una autopista», razonó el padre entre sollozos.