Escribió su primer libro de poesía en 1972, 'Marineros perdidos en los puertos'. Pero dice que desde entonces no se le ha desgastado la emoción porque «soy un poeta que aprende». Tampoco ha rebajado la independencia crítica que le permite opinar con amplia libertad. José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950) abre hoy las jornadas Mieres en verso'07 con una conferencia en la que hablará sobre 'La poesía española actual'.
-¿Qué panorama tiene la poesía en España?
-Todavía no sé cómo voy a abordarlo. Jorge Riechmann o Luis Antonio de Villena harán lecturas comentadas de su poesía, que es a lo que yo aspiraba de niño, a ser un poeta profesional. Pero a mí me ha tocado este otro embolado, que es sintetizar la poesía española actual en 45 minutos ¿Se trata de dar una clase? Llevaré varias opciones, dependiendo del público que asista. Porque pudiera ser público interesado en las peleas de los poetas o de otro tipo.
-Ha escrito recientemente que se escribe demasiada poesía y sin muchos motivos que la justifiquen. ¿A qué se debe el fenómeno?
-Siempre ha sido muy fácil escribir versos, que sirven de desahogo en la pubertad y también al final de la vida. Pero la poesía es el género más fácil y el más difícil.
-¿Hay alguna característica nueva que contribuya a esta proliferación lírica?
-El que la poesía viva al margen del mercado. El 70% de lo que se edita está financiado por instituciones públicas.
-¿Los talleres literarios están favoreciendo malentendidos?
-No hay que confundir los niveles. Los talleres literarios están muy bien para la gente ociosa o para enseñar a volar con mayor prontitud a quienes se inician en la poesía. Pero no es lo mismo el interés particular de quien quiere leerle unos versos a sus amigos o a su familia, que el interés general. La poesía de interés general es rara y escasa.
-¿No le satura participar como jurado en certámenes poéticos?
-Es que la poesía no está hecha para leerla por obligación. Y eso es a lo que estás comprometido siendo jurado de un premio. Acabas teniendo el paladar de corcho. Le pasaría igual a quien tuviera que comer docenas de pasteles. Además, en los concursos, hay una subespecie, que es el que escribe libros de purpurina para pagarse la hipoteca del piso.
-Han transcurrido 35 años desde que publicó su primer poemario. ¿No hay fatiga ni rutina?
-No, porque soy un poeta que aprende. No pertenezco a los poetas geniales que a los veinte años han publicado la obra maestra y ya sólo pueden callarse o decaer. Aprendo y me divierto.
Wilde y la realidad
-¿El poeta acaba viendo la vida a través de renglones de versos?
-Todo influye. Wilde decía aquello de que la naturaleza imita el arte. Y es que la realidad existe a través de una elaboración. Un pintor verá paisajes que no ven los que no pintan. Y una persona cultivada, ha de ver más cosas en la realidad que una analfabeta. No es el mismo París para quien ha leído a los grandes clásicos franceses, que para aquel que lo visita a través de una guía turística.
-Parte del programa de las jornadas de Mieres serán los recitales en institutos y bares nocturnos. ¿Qué le parecen?
-Tengo la peor opinión. El rito y la mítica de la nocturnidad son falsos. No hay diferencia entre la bohemia cochambrosa y el botellón. Alguna culpa la tienen Ángel González y Caballero Bonald. Pero la noche y el alcohol tienen tanto que ver con lo poetas como con los ejecutivos noctámbulos.
-¿Un par de pinceladas sobre Riechmann y Villena?
-Luis Antoni de Villena es un escritor todoterreno, lo que tiene mérito y a la vez es lo que le pierde. Es un improvisador nato, que ha hecho de la homosexualidad, más que una defensa, una militancia. Me interesaba más antes. Jorge Riechmann está en la causa del ecologismo y también tiene gran facilidad para escribir, aparte de que ambos son muy cultos. De Riechmann, me quedo con las citas literarias.