Son múltiples, lógicamente, las facetas de un gran hombre, y Enrique Fuentes Quintana lo era, pero una de ellas se refiere a su contacto continuo con Asturias. Por eso, el entonces rector Teodoro López Cuesta le concedió el doctorado 'honoris causa' por la Universidad de Oviedo.
En su discurso de investidura, el profesor Fuentes Quintana desarrolló su admiración por el ilustre gijonés Jovellanos y destacó cómo éste había relacionado educación y progreso económico. Este tema del capital humano, o de 'la inversión en hombres', tiene una literatura impresionante que comienza en el artículo de Jacob Mincer: «Investment in human capital and personal income distribution», publicado en el 'Journal of Political Economy' en agosto de 1958, y llega hasta ahora. Como señala Barry Bozeman en un trabajo que va a publicar el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales Francisco de Vitoria, la base se encuentra en el hecho de que las inversiones en las personas (educación, formación, experiencias laborales y vitales, salud personal) se relacionan con la trayectoria de ingresos de los individuos La teoría postula que, a edades más tempranas, los individuos renunciarán a ingresos a corto plazo por un trabajo inmediato, a favor de las ganancias salariales potencialmente derivadas de años adicionales de educación académica y de otros tipos de formación. En el Instituto de Gijón, creado por Jovellanos, era éso lo que latía, y Fuentes Quintana lo expuso de maravilla en la Universidad de Oviedo.
Por otro lado, esa experiencia original que es la Escuela de La Granda, tuvo en el profesor Fuentes Quintana, desde sus momentos iniciales, un apoyo continuo. Él fue, en una reunión con Teodoro López Cuesta, con José Luis Baranda y conmigo, uno de los patrocinadores de un centro de debate entre especialistas del mayor nivel posible en torno a cada tema. Su visita anual a La Granda fue, año tras año, fundamento de conversaciones y de debates de mucha altura.
Ha desaparecido de este mundo, pero sus mensajes perdurarán por mucho tiempo.