Lo ven más ecológico, más asequible y, sobre todo, en la línea de la modernidad. La propuesta de Izquierda Unida de implantar en Gijón una línea de tranvía que una la futura estación intermodal de Moreda con la nueva área residencial de Roces parece contar con el visto bueno de arquitectos y urbanistas, que creen que este medio de transporte, más económico y más ecológico, tendrá gran importancia para vertebrar la ciudad uniendo el centro con los barrios más alejados.
El profesor de Ordenación del Territorio y director del Centro de Cooperación y Desarrollo Territorial (CeCodet) de la Universidad de Oviedo, Fermín Rodríguez Gutiérrez, considera la idea como una muestra de que la ciudad «busca volver a la calma». Rodríguez Gutiérrez recordó que, al igual que en otras ciudades, «el tranvía tuvo una tradición en Gijón y la propuesta de Izquierda Unida tiene un valor de recuperación del pasado. La ciudad ya está hecha al tranvía».
El director del Cecodet hizo hincapié en los cambios que ha experimentado el propio tranvía en las últimas décadas, y que le permite integrarse ahora de una manera limpia y eficaz a las nuevas formas de la ciudad. «En la época del desarrollismo el tranvía desapareció porque se veía obsoleto, pero los que hay hoy constituyen una parte más del mobiliario urbano».
Escapar del agobio
Según Fermín Rodríguez, aparte de las ventajas de movilidad que ofrece, la vuelta del tranvía «tiene un gran valor simbólico». A este respecto, consideró el creciente interés de las grandes urbes por este medio de transporte como «un signo que hay que leer y que nos cuenta cómo las ciudades que han experimentado el agobio de la modernidad intentan ahora tranquilizarse, y para ello echan la vista atrás. Buscan escapar de la presión y el ajetreo de los automóviles».
El profesor destacó la «funcionalidad» que ofrece el transporte urbano por raíles y, con respecto al trazado propuesto por IU, analizó cómo la ciudad «ha ido creciendo ayudándose de los principales viales, que ahora se ven colapsados y necesitan un medio auxiliar que ayude a desahogarlos. El tranvía ayuda a desenvolver la ciudad».
El arquitecto Vicente Díez Faixat, por su parte, recordó el menor coste que suponen las obras de instalación de un tranvía con respecto a otras alternativas de transporte como, por ejemplo, el metrotrén. «Cuesta cinco veces menos que hacer túneles por toda la ciudad», aseguró. Díez Faixat consideró el proyecto como «muy positivo para la ciudad» y propuso ir más allá, ampliando el itinerario a otros puntos de la ciudad. «No sólo veo bien una línea, sino que se deberían haber hecho hasta cinco. Gijón es como una mano abierta, con cinco dedos. Quieren que el tranvía vaya al Sur, pero la ciudad tiene tres 'sures', además de un Este y un Oeste».
También se mostró favorable a la propuesta el arquitecto Cosme Cuenca, quien sin embargo aseguró albergar dudas sobre la idoneidad del trazado. «Veo bien que se comunique de esta forma el centro con un barrio nuevo extramuros como Roces, pero no sé si la avenida de Schulz tiene capacidad para albergar un tranvía moderno». Cuenca señaló que las líneas actuales «son más bien como un metro en superficie, que necesita una plataforma independiente, muy alejados de aquellas cosas renqueantes y pintorescas que compartían espacio con los escasos coches que circulaban por la ciudad».
En opinión de Cuenca la planificación de un trazado propio que no interfiera en el tráfico sería factible «en los espacios de nueva planta, pero lo veo problemático en los barrios que ya están configurados. La ciudad no se va a mover de donde ya está».
Finalmente Jovino Martínez Sierra, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de Asturias, destacó el aspecto ecológico del proyecto, «muy positivo para enlazar los conceptos de transporte y sostenibilidad». En su opinión la propuesta de Izquierda Unida «es muy positiva para potenciar el uso de medios colectivos».