Se discute mucho acerca de la conveniencia o inconveniencia de repasar nuestra historia, la cual incluye los capítulos individuales y menores que don Miguel de Unamuno llamaba intrahistoria, o sea, las biografías domésticas y minúsculas que al fin y al cabo tejen la red general y mayúscula.
Yo no sé si la cuestión tiene muchas vueltas, pues se me escapa cómo podría existir la geografía física sin los cortos y largos ríos que dan al mar, que como se sabe y las estrofas manriqueñas nos enseñaron, es el morir.
Ni hay muerte sin vida previa, ni hijos sin progenitores, ni pájaro que te cante si no tiene alguna nota en la garganta. De modo que vale lo mismo la geografía física que la humana, entretejidas por causas y efectos.
El caso es que hay quien predica la amnesia, lo que podría contribuir a que se secaran los ríos. Y ya con el cauce expedito, los bañistas de secano pueden inventar cualquier tirabuzón acuático, que en ocasiones se propaga y hace ribereños a quienes no están avisados, a riesgo de coscorrones.
Dejémenos de alegorías fluviales, que para eso ya está Jean Renoir. A mi me han dicho recientemente que no he existido. Vamos, que hay episodios de mi vida que sólo constan en relatos fantásticos. Y, quiérase que no, te mosqueas, te palpas el alma y el corazón, compruebas que los órganos sensibles se mantienen en su sitio, y aun así, te asaltan las dudas.
De modo que acudes al espejo, el cual adquiere mayor veracidad cuando toma forma de libro notarial. Uf, fue un alivio. En la página 288 de 'Historia del socialismo en Langreo', de Aladino Fernández y José Girón, se me incluye en la formación incipiente de las Juventudes Socialistas, que tenían «unos ideales un tanto revolucionarios que contrastaban con el carácter más moderado del PSOE». Siempre es menos fiero el león de como lo pintan, diría yo. En la página 315, se indica mi condición de Secretario de Cultura en el primer comité ejecutivo de Langreo del PSOE en la democracia.
Hace tiempo fuera de las filas del PSOE, perdonen ustedes el recreo autobiográfico, ya sé que estas minucias personales carecen de importancia. Pero es que comienzas por albergar sospechas acerca de tu identidad y terminas creyendo que Aznar estuvo a favor de la Constitución en aquellos difíciles tiempos de la transición.No somos nada.