Están llamados a ser líderes. Eso fue, al menos, lo que transmitieron casi una veintena de empresarios asturianos a las tres últimas promociones de ingenieros industriales, informáticos y de telecomunicaciones que ayer recogieron su pasaporte definitivo a la vida laboral. Sentados en un abarrotado salón de actos del Palacio de Congresos, los 284 nuevos ingenieros escucharon un tanto atónitos cómo la flor y nata del empresariado asturiano, representada por los presidentes de Fade, Ingemas, Telecable y la Autoridad Portuaria de Gijón, o por los directores generales de DuPont, Química del Nalón, Ceyd y Suzuki, además de los responsables de I+D de Arcelor y Duro Felguera y el subdirector general de Aenor, les decía desde una pantalla que su largo proceso de formación en una escuela técnica superior resulta incompleto. Que, además de una preparación técnica, que se les presupone, necesitan otra complementaria más humanística. Porque el liderazgo, término al que todos también aludieron, pasa forzosamente por ahí.
Y si hubo unanimidad en las carencias de los ingenieros a la hora de salir de la Universidad fue la «falta de comunicación». Todos dijeron que no saben expresar sus ideas, defenderlas, venderlas a los suyos ni al cliente; que no son capaces de elaborar bien los informes ni dominar idiomas ni siquiera redactar un acta de sesión de trabajo. Lo que buscan los empresarios en un ingeniero, y también lo confesaron, es «la capacidad de liderar, de trabajar en equipo, de comunicar y de llevar la iniciativa» para afrontar la fuerte competitividad del mercado. Pero nadie fue tan drástico como el director de Desarrollo y Organización de Duro Felguera, cuando espetó a unos recién graduados que «si en el mundo deportivo ganas tres medallas de plata, incluso ponen tu nombre a una calle, si la oferta de la empresa en la que trabajas queda tres veces la segunda, es muy posible que en la calle quedes tú».
Formación insuficiente
Con ese mensaje atronador para un auditorio neófito cerró Luis Arias de Velasco, presidente de la Cámara de Comercio de Gijón, ingeniero de Minas y profesor ya jubilado de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Gijón el vídeo que elaboró para ilustrar la lección magistral que pronunció ante algunos de sus viejos alumnos y que tituló 'Más que ingenieros'.
Con ella quiso insuflar el duro mensaje de la competitividad, para el que asumió, en su parte alícuota de responsabilidad, que «la formación que habéis recibido durante estos años no es suficiente para competir con garantías y responder a la realidad empresarial. Las habilidades y conocimientos con los que hoy partís se me antojan insuficientes para un futuro que, como decía Ortega y Gasset, nos quita el suelo bajo los pies». Y repitió el presidente de la Cámara de Comercio de Gijón lo que repiten todos los empresarios, «la necesaria adaptación de los planes de estudios universitarios a las demandas de la sociedad».
Parecía dirigir su mensaje a las autoridades políticas y académicas que suelen presidir la entrega de diplomas de la Escuela Politécnica, pero ayer ni el rector ni el presidente del Principado en funciones, ni siquiera un consejero, escucharon sus palabras, destinadas a corregir una situación que, dijo, «condiciona la competitividad de nuestras empresas». A falta de sus voces, sólo la del director de la escuela matizó posteriormente la apreciación de Arias de Velasco, al afirmar que «os hemos dado los conocimientos necesarios y creo que no es la misión de la Universidad formar a los estudiantes para un único puesto de trabajo».
Pero Ricardo Tucho pasó de puntillas por esa pequeña discrepancia para glosar la figura de Arias de Velasco como profesor de la escuela e invitó a sus ya ex alumnos a que se integren en la empresa y luego vuelvan a la Universidad. «En las aulas y los laboratorios necesitamos el punto de vista profesional y las nuevas figuras docentes lo hacen posible», afirmó, antes de recordarles a quienes las proporcionaron, las «grandes satisfacciones que procura el ser profesor». Y también compañero, porque le costó trabajo al director de la Politécnica mantener la entereza cuando recordó la reciente muerte del profesor David Felgueroso, mientras trabajaba en su despacho del campus gijonés.
Con risas nerviosas y fuertes aplausos agradecieron los flamantes ingenieros la que el vicerrector de Calidad de la Universidad de Oviedo, Esteban Fernández Rico, calificó como «lección magistral» de Arias de Velasco, una intervención que finalizó con una pincelada positiva y un halo no exento de cierto paternalismo. «No os asustéis, os hemos dado una buena formación y desde hoy sois responsables de vosotros mismos. Escuchad, aprended, regalad, estad alerta, como decía Ortega, y salid del propio oficio. Solo entonces seréis más que ingenieros». Y después ovacionaron ellos.