Sábado, 9 de junio de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

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Cristal fino
Pasión Vega deleita a un Teatro Jovellanos al completo, con una voz que crece cada temporada
Cristal fino
DE CAPA Y VUELO. La cantante, sobre el escenario del Teatro Jovellanos, en plena interpretación de 'Amor de contrabando'. / PIÑA
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Cómo ha crecido la niña desde que la descubriéramos al principio de la década con una corona de perlas. O a partir del momento en el que Joaquín Sabina y Pancho Varona la llevaron de la mano a la conquista de banderas de nadie, que acabaron siendo las banderas de todos los que aman la copla, que en su voz es libertad completa, sin abandonar las raíces ni olvidar las nuevas cosechas y sus sabrosos frutos. Cómo nos ha encendido la pasión, hasta llevarnos al arrebato. Pasión, Pasión Vega, que ayer llenó el Teatro Jovellanos con ese público intergeneracional que otros artistas conquistan al cabo de una discografía completa. Tiene duende. Y tampoco importó que la tarde estuviera metida en truenos y cayeran chuzos de punta.

Se hizo esperar. Quince minutos con los que añadir expectación a la emoción de volver a escuchar estas cuerdas vocales de cristal fino, que suben a los cielos y bajan a las profundidades del pensamiento hecho melodía por una escala misteriosa, de la que sólo conoce sus secretos su soberana dueña.

Vino a presentar su último disco, 'La reina del Pay-Pay' -mucho más que una cabaretera, desde luego, sin despreciar ningún género-. Pero también hizo sitio para canciones de su discografía anterior y para piezas clásicas. Su aparición ya fue estelar, en medio de una escenografía extraordinariamente cuidada. La combinación -con la voz de Pasión Vega protagonizando la urdimbre- merece también un comentario aparte, las líneas cruzadas de telas y luces, la atmósfera tenue, y el grupo de acompañamiento, guitarras, violín, bandoneón, batería y percusión de timbales.

Hasta la interpretación de cada uno de los temas formas parte del espectáculo. Pasión Vega es una actriz que sólo ha escogido diferente camino, porque la perfección la encontró en la excelsitud de su garganta. Pero las melodías se acompañan del gesto, de la vivencia, de la representación.

Salió con capa española al vuelo, arrancándose por 'Amor de contrabando', descendiendo de un pequeño pedestal. Y se adentró hasta las entretelas del auditorio.

«Tomen sin temor mi mano», recitó, «vámonos, que nos vamos, que la magia da comienzo». Y siguió por 'Siete de siete', multiplicando el ensalmo, ahora sentada en un sillón rojo de alto respaldo.

Después, la tarima se dividió en dos, quedándose a solas con el violín, el bandoneón y el piano, resaltando la limpieza de su modulación vocal. La ovación fue luminosa y la obligó a saludar por primera vez.

'Una copla pa la Lola' rezumó 'sentío'. 'Málaga' la cantó «con permiso de Gijón». Y 'Lejos de Lisboa' volvió a sembrar de aplausos estremecidos a la concurrencia. Decíamos que no se despeinaba. Pero es un tornado del alma.

 
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