¿Cómo se distingue a un inglés, un francés y un español subido en lo alto del podio? En que éste es el único que se queda mudo. No es broma. Hay deportistas que no culminan del todo su felicidad por culpa de un pequeño detalle: el himno de España es uno de los pocos que no tienen letra. Así que se muerden la lengua sin poder dar rienda suelta a su momento de exaltación patriótica. Pero tampoco hace falta haber ganado nada. En los partidos de fútbol internacionales, los de aquí -al menos algunos- miran con envidia a los de allá mientras éstos se desgañitan con frases destinadas a unir las once almas en una sola, y a esa una con su hinchada. Y resulta efectivo, porque hay quien se engancha al Seis Naciones de rugby sólo para escuchar emocionado cómo miles de galeses entonan 'Tierra de nuestros padres' frente a Inglaterra.
Así que, hartos de apretar los labios, un grupo de deportistas trasladó al Comité Olímpico Español su desazón. El COE recogió el guante y junto a la Sociedad General de Autores (SGAE) estudia ya cientos de propuestas llegadas de ciudadanos anónimos, además de elaborar las suyas propias, de tal manera que para setiembre tendrán listas varias opciones. Finalmente, las Cortes serán las que den el visto bueno, aunque Mariano Rajoy, preocupado por la unidad de España, se apresuró a abanderar esta nueva causa e impulsará una iniciativa parlamentaria. El Gobierno habló por boca de Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores, quien afirmó que las propuestas que obtengan el «consenso de todas las fuerzas» tendrán el visto bueno.
Se puede estar de acuerdo o no en que el himno necesite letra. Se puede discutir si el momento actual es el mejor para la propuesta. Pero todo el mundo habla de ello. José Ramón Pardo, periodista experto musical, es de los que creen que «sería mejor dejarlo como está». «Tenemos partidos que jamás se ponen de acuerdo y podrían pedir que en vez de 'España' se diga 'Estado español'. Sería posible si sólo fuera una cosa deportiva, pero que valga para todo... Por otro lado, la mayoría de las letras de himnos son ridículas; dicen cosas como 'todos somos guerreros'... Son peligrosas y ésta no es la época adecuada porque se puede ofender».
Un poco de historia
Muy lejos de esta opinión se sitúa el padre de la idea, el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco: «Buscar algo que una es bueno siempre, jamás es mal momento, jamás una idea positiva será mala. Además, la respuesta del Gobierno y de Rajoy han sido positivas». El mismo día que anunciaron la idea, recibieron 60 letras diferentes en su e-mail (correo@coe.es) de ciudadanos anónimos. Hoy tienen ya más de 150, y siguen llegando unas 40 diarias.
«El mundo del deporte -dice Blanco- llevaba mucho tiempo exigiendo esto. Hablan de que en un momento de sentimientos, de comunión, quieren tener algo que cantar. Así que hablamos con la SGAE. Sabemos que no es algo que se pueda hacer a la ligera. Tenemos que concretar cuál será la métrica, las ideas... Hay que conseguir algo que aúne a todos los españoles, que nadie se sienta fuera. Estamos estudiando himnos de otros países teniendo en cuenta que algunos se crearon en momentos políticos determinados y que por eso hay que tener cuidado».
Sí, el momento en que se hicieron o utilizaron determinados himnos puede enredarlo todo. Por eso el himno español sigue sin letra oficial. De hecho, tiene dos versiones. Una de ellas, la más antigua y desconocida, fue creada por Eduardo Marquina y utilizada en los tiempos de Alfonso XIII. La otra es del poeta José María Pemán. Es mucho más conocida porque, de hecho, era cantada durante el franquismo, algo que, obviamente, imposibilita su uso actual.
El historiador Fernando García de Cortazar explica que el himno español, la 'Marcha Real' o 'Marcha Granadera' -uno de los más antiguos de Europa- «aparece mencionado por primera vez en 1761, en el 'Libro de Ordenanza de los toque militares de la Infantería Española', y se desconoce su autor. Nueve años más tarde, el rey Carlos III la designó 'marcha real' y se empezó a tocar en desfiles y actos públicos, con lo que se fue convirtiendo en un himno popular».
«Después de la Revolución de 1868 -prosigue García de Cortazar-, el general Prim convocó un concurso para crear una melodía oficial, pero quedó desierto, así que el jurado propuso seguir con la 'Marcha Granadera', que continúa hasta nuestros días salvando el intervalo de la Segunda República, cuando se utilizó el 'Himno de Riego'». Al terminar la Guerra Civil, el poeta José María Pemán aportó la letra que los que han vivido del franquismo conocen bien, la que dice 'Viva España, alzad los brazos hijos del pueblo español...', aunque también estaba esa otra, algo más oficiosa, la de 'Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel...'.
Finalmente, la 'Marcha granadera' fue adoptada oficialmente como himno en 1978, y los derechos sobre su instrumentación, propiedad de los herederos del maestro Bartolomé Pérez Casas -al que Alfonso XIII había encargado los arreglos- fueron adquiridos en 1997. El Gobierno encargó entonces a Francisco Grau, director de la Banda de Música de la Guardia Real, una versión modernizada y más corta que éste cedió voluntariamente al Estado.
Para todos los gustos
Al margen de la letra que se le acabe poniendo, ¿cuál es el valor musical de este himno? El compositor Luis de Pablo opina que «no es 'La Marsellesa' (el himno francés, su preferido), pero hay otros muchísimo peores, himnos que parecen de opereta mala, muy baratos, aunque no diré cuáles para no ofender, pero que sean feos es casi la regla. Mira, mi familia es toda republicana, pero el himno de Riego me parece más mediocre». «La 'Marcha Granadera' es una marcha militar curiosa, muy lenta, es un cuatro por cuatro con el que es difícil desfilar bien, es muy pausada, sin ritmo bélico, pero musicalmente cumple su función», añade.
Y De Pablo no le pondría letra: «A mi juicio, está bien así como está; ahora, si se la quieren poner, debería ser algo muy neutro, unificadora sentimentalmente, porque muchas son insoportables, aunque tampoco hay que hacer de esto una cuestión de Estado».
Pero los que tienen que opinar aquí son los deportistas, los que han originado esta polémica. El tenista mallorquín Carlos Moyá reconoció que le gustaría que el himno tuviera letra: «Naturalmente que cantaré el himno nacional, es cierto que los tenistas no tenemos muchas oportunidades para hacerlo, pero para mí no sería un problema cantarlo». El ciclista tres veces campeón del mundo Óscar Freire aprueba la iniciativa porque «ayudaría al deportista y al aficionado a identificarse con su país». El futbolista Iker Casillas dice sentirse «raro» cuando escucha las notas y no puede cantar. El ex jugador del Sporting Enrique Castro 'Quini', internacional en numerosas ocasiones, piensa que la iniciativa es «estupenda. Ponerle letra al himno le daría más calor y haría sentir más la patria a los deportistas». El atleta Abel Antón opina que es «buena idea. Subimos al podio y no sabemos qué hacer».
En el otro lado está el baloncestista del Madrid Felipe Reyes: «Prefiero sin letra. Es igual de emotivo y solemne que el resto». También el futbolista del Valencia David Albelda: «Llevamos años así y no ha pasado nada. Además, ¿qué texto le pondríamos? ¿Algo épico, algo romántico? No lo veo». El piragüista Manuel del Busto cree también que «bastantes problemas hay ya en el deporte español» como para preocuparse por estas cosas. «No es más que una guerra política. A mí me da lo mismo», afirma con rotundidad el campeón asturiano. Y Juanma López Iturriaga: «Nunca lo eché de menos. A estas alturas... Está el país como para llegar a un acuerdo con la letra. Va a ser divertido».