Sábado, 9 de junio de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

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El poder de la edad
La madurez femenina cotiza al alza. Pese a las teorías más negras sobre la menopausia, una mujer de 50 o 60 años puede sentirse pletórica por haber ganado en calidad de vida física, mental y sexual
El poder de la edad
PUBLICACIONES. Sobre las mujeres maduras y sus realidades.
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Hace unos años se decía que ni con toneles de onagra se disipaban los estragos de la menopausia, que el colesterol encallecía las arterias hasta el colapso -las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte entre las féminas mayores de 50 años-, que la osteoporosis no perdonaba, que de los trastornos de la cabeza mejor no hablar, y que, sin remedio, la calidad de vida y el bienestar del 95% de las más de 8 millones de mujeres que en España tienen o superan los 50 años estaba afectada por un deterioro importante. Sin embargo, tan aciago y extenso panorama no hay que tomárselo a pecho, sobre todo cuando la realidad se obstina en llevarle la contraria a la estadística. La revolución de la mujer madura ha llegado.

Al menos es lo que sostiene el escritor y periodista Diego Armario en su flamante libro 'La segunda virginidad. El poder sexual de la mujer madura' (Edit. Almuzara), en el que propone que «si usted, señora, está en la edad de la menopausia no haga ni puñetero caso a todo ese tremendismo: otros datos más contundentes podrían confirmar lo contrario si se encuestara a las miles de mujeres que con su edad se sienten pletóricas, han ganado en calidad de vida física, mental y sexual, rompiendo todos los esquemas de los analistas de la vida ajena».

Y es que, como subraya la psicoterapeuta Elena Nebreda, «la menopausia no es el hecho de dejar de tener la regla, es el hecho de escribir las tuyas propias», y a Diego Armario, que fuera director de RNE, no se le escapa que esa segunda virginidad de la que habla «es la que se pierde con la rotura de la mala conciencia. Es la liberación. Porque cada vez son más las mujeres que dicen en esta época de su vida «ahora me toca a mí». Es el momento de disfrutar de las mismas oportunidades de las que han gozado siempre y en todo momento los hombres». A sabiendas además, avisa Armario, de que «el poder intrínseco de la mujer es el que puede ejercer sobre el hombre a través del sexo. como se ha demostrado a lo largo de la historia. Huyo del tópico de machistas y feministas y me atengo a la reflexión de la experiencia personal de las muchas mujeres con las que he hablado y que se enfrentan a la mentira instalada en el imaginario colectivo de que mientras con los años el hombre empieza a estar interesante, ellas se precipitan cuesta abajo. Porque la madura tiene el atractivo real de la experiencia, del saber disfrutar, del atreverse a romper tabús. De hecho, cada vez hay más jóvenes deseando tener algún tipo de aventura con una de ellas, porque las ven físicamente deseables, deseo acrecentado por el morbo de la veteranía. Gusta de ellas imaginárselas en una relación, sentir su capacidad de deseo y el atractivo de su habilidad de seducción que se adivina en la mirada, en el tono de voz, en la conversación y en la química que se produce. A partir de ahí, si la señora tiene unos labios insinuantes, unos pechos maravillosos o un culo como para ponerle un piso, pues mejor».

Para este autor, tras la revolución de la píldora anticonceptiva, «han sido las nuevas tecnologías las que han proporcionado a la mujer madura una independencia fascinante: he chateado con ellas y saben que tienen a su favor una sociedad más tolerante y menos crítica sobre comportamientos liberales que siempre se habían justificado en los hombres, y que esa propia tecnología les facilita incluso poner los cuernos a su marido sin que nadie se entere. Reivindicativas para lo suyo, huyen del feminismo radical».

Queda claro que para Diego Armario la mujer madura es todo menos invisible, «ahora precisamente que empieza a superar todo tipo de complejos y a sentir la necesidad de que no tiene que ser artificial. Porque a los hombres nos gustan gordas, y se lo digo de verdad, mujeres que sientan a gusto con su cuerpo, y no al dictado de una industria cosmética y quirúrgica que busca que gusten a todos menos a los que las van a tocar. Invisibilidad no, pero envidia hay mucha, y mucha incapacidad para aceptar que la gente rompa moldes y que las maduras se pongan el mundo por montera porque quieren disfrutar al máximo. Dice Woody Allen que «el sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores? Y yo pregunto, ¿por qué va a tener que buscar una mujer algo más que sexo en una relación?».

El valor del sexo

Los datos cantan: una encuesta de la Asociación Española de Salud Sexual (AESS) concluye que el 53,8% de las españolas de más de 50 años considera que las relaciones sexuales ocupan un lugar «bastante» o «muy importante» en su vida, un porcentaje que se eleva hasta el 74,2% entre las mujeres de 50 a 60 años. La otra cara de la moneda la ofrece el director Gerardo Herrero en su última su película 'La mujer invisible', protagonizada por María Bouzas, en la que cuenta cómo algunas mujeres que han superado la barrera de los 40 han sentido que son invisibles para los hombres.

«Hemos hecho muchas entrevistas y mucha labor de investigación y ellas nos han contado que sienten que no son miradas por los hombres que tienen alrededor pero que tampoco ellas hacen nada por mirar. Son mujeres que buscan gustar, y no acostarse con alguien, que es muy fácil, sino enamorarse. Eso lleva a una pérdida de autoestima. Una crítica que se le puede hacer a la película desde el ultra feminismo es «¿y por qué las mujeres tienen que gustar y seducir? ¿por qué la mujer triunfa si seduce? Para mí, por una pulsión vital, porque necesitamos enamorarnos, gustar y sentirnos deseados, todos y a toda edad». De la película lo que se deduce y seduce es que «si la mujer quiere, puede. Cualquier mujer normal y madura puede atraer cuando quiera, sobre todo porque las mujeres son más listas que los hombres, sin ninguna duda».

Y entre el todo y la nada siempre surge la tercera vía. Es lo que plantea Neus Arqués en 'Un hombre de pago' (Edit. Umbriel) después de analizar la invisibilidad «como una situación vinculada a distintos factores: la edad, ya que cuantos más años cumplimos, menos nos miran los hombres, en general, lo que refleja una realidad social en la que la juventud se nos presenta como el gran valor igual que lo tiene la madurez»; la educación «¿por qué nos sentimos mal si no nos miran? ¿por qué necesitamos de la mirada ajena para vernos a nostras mismas?»; y el silencio, «porque de todo ello hablamos poco hombres y mujeres. Precisamente yo escribí 'Un hombre de pago' para contribuir a esa conversación».

«Cada vez hay más mujeres maduras que están solas -asegura Arqués- y cada vez disponen de mayor poder adquisitivo -la tendencia para el 2012 es que las mayores de 40 años sean el grupo más rico de los países desarrollados-, lo que les permite optar por alternativas hasta ahora inéditas, como contratar un gigoló. Para construir mi personaje de Rosa, la clienta, hablé con dos mujeres que respondían a ese perfil y ambas declararon que para ellas el sexo era necesario, pero no primordial ni suficiente. En sus relaciones con un gigoló buscaban compañía y apreciación. Buscaban, en definitiva, que alguien las mirara».

 
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