Domingo, 10 de junio de 2007
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GIJÓN

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«Gijón debería recuperar su modelo histórico de tranvía»
«Con el metrotrén hay ya un pie forzado que sólo dará realmente servicio al centro y la zona este de la ciudad» «El tipo arquitectónico de bloque aislado del plan de vías no fija comercio y genera zonas muertas como Poniente»
«Gijón debería recuperar su modelo histórico de tranvía»
ARMADA. El catedrático, junto a una reproducción de la fragata Villa de Madrid, a bordo de la que combatió un antepasado suyo, en la sede de Cimadevilla. / FOTOS: ÁLEX PIÑA
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Ramón Alvargonzález es por méritos propios una referencia cultural obligada en Gijón. Descendiente de una de las sagas familiares más ilustres que ha dado la ciudad, canaliza desde 1993 el apoyo a los que comparten su afán erudito e investigador al frente de la Fundación Alvargonzález. Catedrático de la Universidad de Oviedo y patrono del Foro Jovellanos, tiene en su haber un centenar de publicaciones en el campo de la geografía urbana y la historia de la cartografía.

-¿Le gusta el modelo urbanístico de las torres del plan de vías?

-No, porque supone introducir una densidad excesiva en un espacio no muy amplio cuyas áreas colindantes son ya bastante densas. En ese sentido no veo que erigir esa barrera arquitectónica sea positivo. Además, hay que hacer un recordatorio al respecto, y es que en el año 2000 la empresa Thyssenkrupp patrocinó un concurso internacional de ideas sobre la barrera ferroviaria de Gijón. Se presentaron más de 40 equipos de arquitectos y los proyectos premiados en ningún caso preveían un crecimiento del volumen que ahora se plantea.

-¿Cambiará el centro de gravedad de Gijón con la creación de ese nuevo barrio surgido del suelo liberado por el soterramiento ferroviario?

-Lo dudo, porque el tipo arquitectónico del bloque aislado tiene muchas dificultades para fijar actividad comercial y de servicios. Además, hay un ejemplo contiguo muy claro. Poniente es una zona muerta, porque los bajos de los edificios están sin ocupar. Donde no hay un sector terciario muy potente y diversificado no puede haber centro y esa centralidad no se puede crear artificialmente construyendo un hotel y un centro comercial.

-¿Tiene cabida un tranvía en Gijón en pleno siglo XXI?

-En las ciudades españolas de tipo medio el modo de transporte que empieza a ser recuperado mayoritariamente es el tranvía o metro ligero. La explicación es que resulta mucho más versátil, cómodo y agradable un medio que circule sobre carril casi todo él en superficie. En Gijón lo que sucede es que ya hay un pie forzado con el metrotrén, que es una línea de metro que sólo va a dar servicio al centro y al este de la ciudad. Todos los barrios del oeste y el sur son áreas que van a quedar bastante lejos de ese servicio, que aunque sí garantizará una continuidad con el transporte interurbano (autobuses), no resolverá en un horizonte medio y lejano el problema del transporte intraurbano en la ciudad.

-Usted entonces no duda...

-En 1990 publiqué un libro sobre los tranvías de la ciudad y desde esa fecha he tenido muy claro que el modelo de transporte intraurbano aplicable aquí es el tranvía, bien circulando en superficie en toda su longitud o bien con algún tramo soterrado. En ese sentido, la nueva red debería repetir el modelo histórico con tres líneas. Una hacia el este, que podría acabar donde el hospital y el campus; otra hacia el oeste, que podría llegar hasta el puerto; y otra hacia el sur, que terminaría en Roces. Gijón además por la densidad de su trama viaria se presta mucho al trazado de un tranvía.

-El Ayuntamiento aduce problemas de financiación...

-Los tranvías son infraestructuras caras que no son asumibles en solitario y requieren financiación de las comunidades autónomas y del Gobierno central. Y, claro, aquí con la inversión que supone un metrotrén, en Madrid alguien puede mandar al Ayuntamiento a freír espárragos si pide para un tranvía.

-¿Qué expectativas le genera la ampliación de El Musel a alguien tan vinculado a la mar como usted?

-Es un elemento importante para el futuro desarrollo de la ciudad, que puede traer consigo nuevas implantaciones industriales. Pero cuidado, porque la ampliación por sí no es el bálsamo de Fierabrás. Tan importante como ella es la captación de los tráficos.

-¿Qué le sugiere el plan de fachadas para tapar las aberraciones urbanísticas del Muro de San Lorenzo?

-El Muro tiene arreglo complicado. La mejora estética es positiva, pero lo que no tengo tan claro es esa búsqueda de la uniformidad con el acristalamiento masivo de fachadas. Puede llegar a resultar agobiante y además no es práctico. Las cuotas de las comunidades de vecinos se van a incrementar mucho para limpiar esos vidrios.

-¿Qué queda en la zona rural del concejo de esa ciudad-jardín sobre la que tanto ha escrito?

-La ciudad-jardín sigue en las parroquias orientales de Somió, Cabueñes y Castiello, pero queda sometida a una presión edificatoria cada vez mayor. En ese sentido, echo de menos que dentro del planeamiento urbanístico no se hayan incorporado más medidas de incentivación de la protección de edificios y jardines históricos. Esos jardines aunque sean particulares tienen un valor patrimonial y ambiental, que en cierta medida es público. De la misma manera que se dan subvenciones para mejorar las fachadas, podría haber ayudas públicas para mantener esos espacios a cambio de abrirlos al público un día a la semana o una semana al mes.

-¿Y qué le parece el actual catálogo de edificios protegidos?

-Echo de menos que no sea mayor. Me llama mucho la atención que el antiguo edificio de la Seguridad Social, en la plaza del Carmen, haya sido demolido dado el interés que tenía dentro del marco arquitectónico al que pertenecía. Como ese caso hay más ejemplos, como el del edificio de la antigua Aduana y los inmuebles del casco histórico, de la década de los 50 y 60, que se ha llevado por delante la piqueta.

-¿Qué valoración hace de la evolución urbanística y sociodemográfica reciente de Gijón?

-Como la mayoría de las ciudades españolas de tamaño medio, ha experimentado en los últimos 25 años un cambio importante a mejor debido a la etapa de desarrollo económico desde el ingreso en la Comunidad Económica Europea. Y eso ha sucedido en el marco de un crecimiento demográfico moderado.

-¿Se atrevería a hacer un pronóstico para la urbe de las próximas décadas?

-Es difícil hacer hipótesis en plazos que no son muy largos, porque no se puede saber si el señor Mittal va a estornudar. En cualquier caso, lo deseable sería que Gijón acrecentara su función industrial y portuaria tradicional y le añadiera funciones de servicios vinculadas al desarrollo del turismo y a la administración.

-A su juicio, ¿cuál ha sido la aportación urbanística más relevante de los últimos años?

-Si tuviera que elegir, diría la reincorporación al uso público de la práctica totalidad del trazado costero del concejo, de Este a Oeste, con los parques de La Providencia y del Cerro de Santa Catalina. -¿Y cuál es el mayor lunar?

-Lo que más preocupa en el panorama general, y no sólo en Gijón, es el peso del ladrillo y el hormigón. Hay que pensar que el PGOU prevé la incorporación de 4,5 millones de metros cuadrados de suelo urbano y más de 10.000 viviendas. Y en áreas litorales como la nuestra no está de más tener cierta cautela a la hora de ver cómo se plasma eso.

 
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