Domingo, 10 de junio de 2007
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Oviedo
El primer catálogo de restos de la guerra civil documenta 154 elementos en el municipio
Oviedo presenta la mayor concentración de patrimonio bélico del centro de la región, según el estudio de la empresa Gecuna para el Principado Hay más restos del bando republicano que del nacional, con sólo cinco
El primer catálogo de restos de la guerra civil documenta 154 elementos en el municipio
CASAMATA. Es un puesto de artillería o cañones. Éste está en Feleches, Trubia. / FOTOS CEDIDAS POR GECUNA
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Algunos conviven puerta con puerta con los ovetenses, en las parcelas de sus casas o en la trasera de los edificios donde residen. También aparecen cuando las constructoras hacen el movimiento de tierra para una edificación posterior. Y otros salieron a la luz, casi como setas, a raíz del trabajo de campo que llevó a cabo Gecuna por encargo de la Consejería de Cultura.

En enero, la empresa inició la búsqueda de restos de la guerra civil para elaborar el primer catálogo del municipio. Gracias a los archivos, las localizaciones proporcionadas por la asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana (ARAMA) y la información facilitada por los vecinos, «sobre todo, los señores mayores que se acordaban de cuando eran críos, de ir a jugar en ellos», el equipo dirigido por el joven geógrafo Manuel Antonio Huerta Nuño encontró 154 elementos en Oviedo. La mayor parte son nidos de ametralladora, aunque también hay casamatas, puestos de observación, blocaos o galerías.

Precisamente, la reclamación de ARAMA para mantener las halladas en Prado de la Vega, ante la amenaza de la nueva urbanización, abrió el debate sobre la conservación de las construcciones de la guerra civil. Al final Cultura anunció que iba a conservar una parte. La otra sucumbiría con las nuevas construcciones. Es el signo de los tiempos. Ocurrió en su día con las construcciones engullidas por la expansión en el centro.

Las encontradas en el casco urbano habían sido levantadas por el bando nacional, que defendió la capital, su único reducto, en una región en manos de los republicanos. Estos intentaron tomar Oviedo e impedir que entraran sus enemigos. Por eso hay una gran concentración, sobre todo de nidos de ametralladora, en el monte Naranco, concretamente en Rebollar y Campo Cimero, de camino a Brañes. Desde allí, controlaban el pasillo de El Escamplero. Por otro lado, ubicaciones como Trubia, Sograndio o Santa Marina de Piedramuelle fueron estratégicas para controlar la entrada de las tropas nacionales desde Galicia. O Prado de la Vega y Las Matas, para impedir su salida y su comunicación. Al final, la ayuda nacional entró en la ciudad en octubre de 1937, después de algo más de un año de cerco que ha dejado un cuantioso legado, el más numeroso de la zona centro.

Porque además de Oviedo, el Principado encomendó a Gecuna el catálogo de restos de la guerra civil de Siero, donde han documentado 14 elementos; Llanera, con 11; y Soto del Barco, 34. No es su primera experiencia. Ya habían hecho lo mismo en 2006 para el Ayuntamiento de Las Regueras, con cerca de medio centenar de restos, además de un diseño de rutas. Este último proyecto está pendiente de ejecución.

«Te ilusiona»

Y cuando ya están a punto de entregar los cuatro catálogos que comenzaron en enero, tienen en mente proponer a la consejería rutas para conocer este legado, a cuyo conocimiento los miembros de Gecuna llegaron «un poco por casualidad». Ahora les apasiona. «Cuando encuentras un resto del que te han hablado, te gusta. Pero cuando llegas a él sin que nadie te diga nada, te ilusiona y te planteas, 'quizá sea la primera persona que lo ve'», confiesa Huerta.

Sin entrar en una guerra de bandos, lo cierto es que son más comunes y abundantes los restos republicanos. Además, muestran un grado de conservación bastante bueno. Los del nacional son escasos, con sólo cinco muestras: en La Florida, uno que la promotora Sedes va a respetar en la nueva urbanización de Los Reyes y otro muy deteriorado; otros dos en la loma del Pando, también mal conservados; y otro en una finca particular, en La Ería, el único en buenas condiciones. Por cierto con una característica singular que lo distingue de los republicanos, una pequeña viga a un lado.

El hecho de encontrarse en la zona rural, en montes y en las fincas de particulares ha sido un seguro de vida para algunos. Aunque hay vecinos que han reutilizado nidos de ametralladora y galerías como despensa o merendero.

No se han escapado de los vándalos, que los han llenado en muchos casos de pintadas, que alternan con otras inscripciones de 70 años ya. La de 'Abajo el fascismo' hallada en un resto en Sograndio o los nombres con lugar y procedencia que, en 1937, muchos borraron como pudieron. Querían evitar una pena de muerte segura si se descubría que habían apoyado al bando republicano, el perdedor.

Tampoco se han librado del expolio. «Muchas construcciones las volaba la gente para sacar el hierro y venderlo», recuerda Huerta. Y es que había necesidades. Hasta el propio Estado necesitaba fondos. Franco dio la orden de que quitasen el metal que servía de forjado a las casamatas para otros usos. Así, sólo una de Llanera conserva el techo. «La mayoría de ese hierro se fundió en la Fábrica de Armas de Trubia».

 
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