La tuberculosis no sólo no es una enfermedad en proceso de erradicación, como popularmente se creía, sino que su espectro es mucho mayor que el reflejado por las estadísticas epidemiológicas, que dan cuenta de la existencia de 187 enfermos en Asturias a lo largo de 2006. Y es que hasta un tercio de los tuberculosos potenciales de la región no llegan a ser detectados por el sistema sanitario asturiano y su caso no aparece recogido en ningún registro de afectados. Así lo advierte un informe elaborado por la Dirección General de Salud Pública, cuyas conclusiones han llevado a la Consejería de Salud a modificar los protocolos de actuación con el objetivo de estrechar el control de esta enfermedad, que en 2006 provocó 13 muertes.
Pese a los adelantos médicos y científicos, este mal, vinculado a históricas epidemias a lo largo de los pasados siglos, no ha logrado ser eliminado del territorio asturiano y mantiene a fecha de hoy una incidencia considerada elevada por los responsables sanitarios. Eso a pesar de que en las dos últimas décadas la Consejería de Salud, gracias a un programa de detección precoz, ha conseguido rebajar a más de la mitad el número de enfermos tuberculosos. Pero aunque la incidencia de esta infección ha descendido de forma notable en Asturias (se pasó de los 528 casos de 1992 a los 187 de 2006), lo cierto es que la región mantiene aún una tasa elevada en comparación con el resto de Europa.
Instruir a los médicos
Según datos de 2006, el Principado tiene una tasa de 17,4 casos por cada cien mil habitantes. «Lo deseable sería situarnos en índices de 5 ó 6 enfermos por cada cien mil habitantes», precisan fuentes de la Consejería de Salud. Pero el problema de la tuberculosis no sólo es la dificultad para reducirla y llevarla a tasas equiparables a la media europea, sino que, según advierten los expertos, «hay muchos más casos de los declarados». La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) estima que hasta un tercio de los casos de tuberculosis no son notificados. Eso significa que en Asturias, donde en 2006 se diagnosticó la enfermedad a 187 personas, habría en realidad entre 260 y 270 casos, 80 más de los declarados en los registros sanitarios.
Para estrechar el control a esta enfermedad, que se transmite con mucha facilidad, se instruirá a los médicos de los centros de salud para la detección precoz de casos. El protocolo recoge, por ejemplo, que se haga un seguimiento de las personas que hayan tenido contacto íntimo con el paciente durante al menos seis horas al día.
En Asturias, los principales focos no están, como ocurre en otras comunidades, en los inmigrantes, sino en la población autóctona, fundamentalmente la que ha estado relacionada con la actividad minera. Y es que la tuberculosis puede mantenerse 'dormida' durante años. Hay personas que contraen el mal de jóvenes pero no es hasta bien entrada la edad adulta cuando descubren que son tuberculosos. Así, mineros, enfermos silicóticos y personas alcohólicas constituyen el principal grupo de afectados, a la que también se suman, aunque cada vez en menor medida, los portadores de VIH y los afectados de sida (generalmente, más jóvenes).
Los expertos apuntan que sufrir tos durante más de dos semanas, perder peso, sentirse fatigado o sudar mucho durante la noche pueden ser señales de alarma.
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