Lunes, 11 de junio de 2007
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«Eran personas a las que siempre les gustó ayudar a los demás»
«Eran personas a las que siempre les gustó ayudar a los demás»
RECUERDO. Familiares, amigos y compañeros de los fallecidos. / D. ESPINOSA
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Todo fueron palabras de cariño para los siete homenajeados ayer en los Lagos. A pesar de que ya han pasado veinte años desde su trágica muerte, todos siguen muy presentes para sus seres queridos, que ayer se congregaron en torno al monolito que les recuerda. «Eran personas a las que siempre les gustó ayudar a los demás», destacaron. No hay que olvidar que se trataba de voluntarios.

El padre Ángel Cuervo, quien ofició la misa por los difuntos, destacó del que fue su gran amigo, el asturiano Corsino Suárez, que «era tremendamente humano, servicial e irónico». Recuerda con gran cariño su «buen humor». Natural de Cudillero, el sacerdote también conoció al otro asturiano fallecido en el trágico accidente de helicóptero, el piloto Juan Carlos González, con quien compartía origen.

En el homenaje estuvo también Javier, el hermano del otro piloto, el bilbaíno José Antonio Renobales. «El día del accidente era su cumpleaños y el de otro de los del equipo, de Luis Ángel Díez», señala. También agradeció los homenajes que la Unidad Canina de Rescate del Principado organiza cada año. «Para nosotros es una satisfacción que en este lugar haya un recordatorio para ellos, nos ayuda a superar lo sucedido», mantiene.

«Sabía del peligro»

De su hermano, explica que «era piloto profesional. Trabajaba para la sociedad con la que trabaja la Ertzaintza». Llevaba en ese puesto cuatro años. Ya tenía experiencia en rescates y, apunta Javier, «él ya sabía que corría peligros, allí trabajaba mucho por acantilados buscando a pescadores», relata. «Cuando el viento se mueve es incontrolable», comenta con gran resignación.

Sin ganas de «remover» demasiado el pasado se mostraba ayer Ana Baceta, de Elorrio, que era la novia de uno de los voluntarios fallecidos, Luis Ángel Díez. De él explica que «era montador», además de miembro de la unidad canina. Junto a ella estaba la que viuda de Javier, María Ángeles Astobiza, también de Elorrio. Su marido, además de voluntario «trabajaba en una empresa, de tornero», apunta.

En el acto también estaban Agurtzane y Amaia, hermanas de Joseba Zabala. Ambas recuerdan que él «estuvo en el grupo de salvamento desde que se creó». Ahora le echan de menos y cuando pueden, acuden al Principado para visitar el último lugar en el que estuvo y donde un monolito le recuerda para siempre. A él y a sus seis compañeros.

 
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