La matriculación de vehículos ha descendido un 1,6% en lo que va de año, mientras crece en proporciones similares la venta de coches usados. Los síntomas de saturación del mercado, pero sobre todo el incremento que ha experimentado el precio del dinero, son las causas principales de esa caída. Antonio Romero, presidente de la patronal de concesionarios de automóviles (Faconauto), no oculta su preocupación por el panorama que se presenta a medio plazo. Un reciente informe realizado por Deloitte desvelaba que el 64% de los españoles que adquieren un vehículo recurren a alguna fórmula de endeudamiento. De ahí la importancia de la evolución de los tipos de interés en este mercado. Si persiste su escalada, «las ventas se van a resentir mucho», advierte.
-Los primeros meses no han sido buenos para el sector. ¿Cree que es un descenso coyuntural y que se recuperará o, por el contrario, ha iniciado una senda de bajada sin retorno?
-Desgraciadamente, todas las señales son negativas. La evolución de los tipos de interés o el final del Plan Prever no permiten presagiar nada bueno. Pero lo peor es que no creo que estemos ante un problema sectorial. La venta de coches es a la economía lo que el canario a la mina.
-¿El descenso de ventas en los últimos meses ha sido un revés fuerte?
-No, de momento su comportamiento se puede calificar de descenso moderado. Ahora bien: si continúa la subida de los tipos de interés, las ventas de coches se van a resentir mucho. Si, como anticipan algunos analistas, los tipos se sitúan en torno al 5%, el aterrizaje no va a ser suave, sino brusco. Entonces, los créditos comenzarán a doler en el bolsillo de los consumidores y lo vamos a notar. Ya en estos momentos se aprecian muchas automatriculaciones de los propios concesionarios porque no llegan a cumplir los objetivos que les habían impuesto los fabricantes.
Coches más baratos
-Uno de los datos curiosos de los primeros meses del año es que el gasto por vehículo adquirido está bajando. ¿Qué sucede?
-Ahí se puede apreciar una de las consecuencias del carnet por puntos. Los consumidores han comenzado a optar por coches más baratos porque ahora ahorran en motor. ¿Para qué se van a comprar un modelo con el motor de mayor cilindrada si luego no pueden pasar de 130 kilómetros a la hora? Por eso, el mercado comienza a girar hacia una demanda más americanizada: coches más grandes, pero no tan potentes y más cómodos.
-El sector del automóvil se ha mostrado muy crítico con el Gobierno desde que anunció, el pasado diciembre, el principio del fin de las ayudas del Plan Prever.
-Es que nos parece un gran error acabar con este plan, que favorecía la sustitución de vehículos antiguos por otros modernos. Es una medida antieconómica, que va en contra incluso de los propios intereses del Estado como recaudador. Por la vía del impuesto de matriculación recuperaba más dinero que el que subvencionaba en el Plan Prever. Es también una medida antiecológica porque va a alargar la vida de los vehículos más contaminantes. Un centenar de turismos de hoy contaminan lo mismo que uno solo de los años 80. Pero, además, es una medida que entraña peligro. El Gobierno va a permitir que los vehículos más antiguos, sobre los que además existe la sospecha de que ni siquiera pasan la revisión de la ITV, anden por ahí dando vueltas.
-En los últimos meses se habla mucho de los coches baratos que vienen de Asia o China y que teóricamente iban a triunfar en el mercado europeo. En las calles no están. ¿Qué ha pasado con ellos?
-Hasta el año 2012, por lo menos, no cabe pensar en ventas masivas de ese tipo de coches. Pero yo creo que para ese año habrán solucionado los problemas que tienen y serán competidores muy fuertes.
Capacidad limitada
-¿Problemas? ¿A qué se refiere?
-Europa demanda ya unos niveles de respeto al medio ambiente que estos vehículos no cumplen por el momento. Pero, como todo, evolucionarán y cumplirán los requisitos. También sucede que sus plantas de producción tienen una capacidad limitada y necesitan ampliar el número de unidades que fabrican cada año. En varios años lo harán.
-¿Pueden arrasar?
-Ya lo veremos. De momento, no lo creo. Además, nos queda el consuelo de pensar que, con el paso del tiempo y el propio desarrollo económico de esos países, también van a cambiar determinados elementos que son claves en la competitividad. El bajo coste de la mano de obra que tienen ahora no lo van a poder mantener durante mucho tiempo.
-Su asociación ha iniciado la recogida de firmas para avalar una iniciativa popular en demanda de una ley de distribución comercial. ¿Qué persiguen con ello?
-En términos generales, que exista una legislación que ahora no tenemos en la que se regulen las normas de juego básicas de un sector tan complejo y especial como éste.