DEBERÍA ser ocioso recordar que Gijón tiene su origen y razón de ser en la vecindad de la mar, pero con frecuencia se olvida esta condición que imprime carácter y ha constituido el motor del desarrollo y progreso de la ciudad y aun del conjunto de Asturias.
En este sentido, el éxito de la exhibición aeronaval de hace unos días en la concha de San Lorenzo ha revelado de nuevo que Gijón dispone de un marco extraordinario para la organización de espectáculos singulares sin necesidad de incrementar los ingresos de Calatrava, porque se lo ha dado la naturaleza. Esto no es nuevo, pero permite enfatizar la conveniencia de emprender ya un aprovechamiento ambicioso y extenso de las potencialidades de la fachada marítima que va de Torres a La Ñora. Se trataría de abordar una empresa que superara los modestos límites y objetivos de la Semana de la Mar que tiene lugar este mes, para convertirse en una referencia de ámbito como mínimo europeo.
Con el Ayuntamiento como promotor, tendrían que implicarse en la iniciativa el Gobierno del Principado, en primer lugar; los ministerios de Defensa y Fomento y todos los organismos y entidades relacionadas con la actividad marítima: la Autoridad Portuaria, la Cámara de Comercio -que lo es también de Navegación, recuérdese- a través de la Feria de Muestras, armadores y consignatarios y los clubes y federaciones deportivas del ramo -no para repetir el bochornoso campeonato de trainerillas, desde luego-.
Las posibilidades son inmensas, como la misma mar. No hay nada semejante en toda España. Sólo se necesita voluntad política para poner manos a la obra.