Lunes, 11 de junio de 2007
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Los socialcristianos flamencos apuntan a la victoria en las legislativas belgas
Los liberalsocialistas del primer ministro, Guy Verhofstadt, sufren una fuerte derrota en Flandes
Los socialcristianos flamencos apuntan a la victoria en las legislativas belgas
VOTO REAL. El príncipe Felipe y su esposa en el colegio electoral. / EFE
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La coalición liberalsocialista que gobierna Bélgica desde 1999 sufrió ayer un importante descalabro electoral, mientras los socialcristianos se confirmaban como la lista más votada en Flandes. Sin embargo, ninguna de estas dos realidades, que se manifestaban como evidentes aún con la mitad del voto por escrutar, parecería determinante para adivinar la configuración del futuro Gobierno federal, pues las tres principales familias políticas de Bélgica, socialcristianos, socialistas y liberales, competían codo con codo por la condición de más votadas en la totalidad del territorio nacional.

Por otra parte, el resultado particularmente bueno de los liberales en Valonia y Bruselas, frente a las pérdidas de Flandes, permitía aventurar incluso la posibilidad de que Guy Verhofstadt, el actual primer ministro, logre mantenerse en el cargo, en un escenario en el que los socialcristianos flamencos y sus correligionarios del sur del CD&H, junto con otras opciones políticas aún por definir, fueran incapaces de garantizar la mayoría en las cámaras.

Con las prevenciones que el carácter provisional de los resultados, el elemento central de las legislativas de ayer parecía ser el neto refuerzo en Flandes de los socialcristianos, que se convertían en la fuerza dominante con un 30% de los votos. Su líder, Yves Leterme, que aspira a primer ministro, declaraba por la tarde que en Bélgica emergía una nueva mayoría que reclama un cambio profundo en las estructuras del Estado.

La reforma de la Constitución era, consecuentemente, evocada por Leterme en el marco de una acción política que debería concentrarse en «más seguridad, más justicia y una reforma del Estado moderno ( ) que acometeremos con todos los partidos que estén listos para construir un futuro positivo para el país».

Los liberales de Verhofstadt sufrían pérdidas importantes tras ocho años de gobierno, pero quienes pagaban los platos rotos eran los socialistas, tanto en el norte como en el sur, donde su tradicional condición de partido más votado se veía seriamente comprometida por el buen resultado de los liberales. En Flandes, SP.A-Spirit registraba un resultado particularmente negativo, con un 16,5% de votos frente a los 23,5% de 2003. La caída era interpretada como un castigo al partido de la familia política socialista, que en el sur es fuente inagotable de escándalos de corrupción.

Las pérdidas de los socialistas en el sur eran, comparativamente, menos significativas que en el norte, con caídas de entre el 3% y el 5%, lo que podría mitigar su reducción de escaños. El líder liberal, Didier Reynders, compareció para proclamar que los socialistas habían perdido su condición de centro de gravedad, transferido a los liberales.

 
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