Llegó, habló, se dejó aplaudir y se fue a comer. Woody Allen no se quedó a escuchar el veredicto del primer público de su última película londinense y lo confesaba abiertamente ante quienes ya le habían brindado pleitesía, evitando una sola butaca vacía, acabando con las entradas regaladas en 18 minutos y aplaudiendo intensamente su mala pronunciación de Asturias. Pocos minutos antes de que Collin Farrell y Ewan McGregor tomaran la pantalla, el de Manhattan provocaba el primer aplauso al comprometer todo su apoyo al Film Center que irá asociado al Centro Niemeyer y al declarar que espera reflejar en su próxima película «lo bonito que es Asturias».
La primera gran carcajada de las casi setecientas personas congregadas en la Casa de Cultura tampoco tardó en llegar. Fue al anunciar su huída: «Gracias por venir, yo me voy a comer», decía, no sin antes advertir que no escapaba de su propia película, con la que cierra trilogía londinense, sino de hacer una muesca más en la lista de visionados de ésta que supera, dijo, «los cientos de veces». Y fue, por cierto, al Tataguyo.
Para entonces llevaba un largo día asturiano. Invitaba a ver con esperanzas 'El sueño de Casandra' y a «pedir que les devuelvan el dinero» a aquellos que no salieran contentos de la sala, después de una jornada de ir y venir, de acá para allá, de Oviedo a Avilés, y de Avilés a Oviedo, con su director de fotografía, Javier Aguirresarobe, y el resto del equipo. Cerraba Allen con el multitudinario pase privado en primicia mundial de su última película, al que acudió con su mujer Soon Yi y sus dos hijas, una jornada intensa, que mira ya a su próximo título y que le llevaba a manifestar micrófono en mano y entre aplausos lo «muy excitante» que le resulta «venir a Asturias» y lo mucho que disfrutan todos aquí: «Mi familia y yo adoramos venir, estamos enamorados de Oviedo». Dicho lo cual recordó que volverá «en unas semanas» y que la película que ha escrito «para hacer en Barcelona», quiere «que tenga una parte de Asturias», algo, además que dijo «considera muy importante». De nuevo los aplausos y de nuevo un gesto de cariño del más europeo de los directores norteamericanos: «Hemos venido a Avilés porque hay muchos lugares para filmar».
No olvidó en su presentación de 'El sueño de Casandra' mencionar el Film Center que apadrina y del que es asesor director. «Es importante para Avilés implicarse en ese proyecto», dijo y añadió «porque es importante para Asturias, pero también para la cultura mundial». Con un «espero pasar aquí mucho tiempo» se despedía de quienes iniciaban tras su voz una aventura con sus personajes al borde de la fortuna y del amor y también de la tragedia. Dentro se quedaban todos con su Londres filmado el año pasado. Fuera, los muchos fieles que acudieron a verle, por lo menos pasar, seguían con la boca abierta, justo al lado de quienes pedían a gritos la libertad para los sindicalistas Cándido y Morala, tras las vayas de seguridad que les separaban del 'Sueño de Casandra'.