Jefe de Patogenia Viral del Instituto de Salud Carlos III, una de las máxima autoridades mundiales en el tratamiento del sida y colaborador en la Fundación Bill y Melinda Gates (cuya labor contra la propagación del VIH en África es suficientemente conocida), Rafael Nájera Morrondo estuvo ayer en Oviedo para participar como jurado en las deliberaciones del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.
-¿Cuál es el mapa del sida en la actualidad?
-Es el de una gran pandemia de enromes proporciones, que afecta a 70 millones de personas. Las localizaciones se están extendiendo del África subsahariana, Europa y América, hacia nuevas zonas geográficas y demográficas, como Asia y el Este de Europa, configurando otra realidad.
-¿Y los grupos de riesgo continúan siendo los mismos?
-No, también en ese sentido se presentan novedades. Los grupos de riesgo que abarcaban a los usuarios de drogas o a los homosexuales masculinos, ahora incorporan a los heterosexuales, lo que significa incluir al 90% de la población. Por ello el Día mundial de la Lucha contra el Sida, la ONU reconoció que estamos fracasando.
-¿Y qué hacemos desde el mundo desarrollado para evitar la pandemia?
-Es terrible la hipocresía del mundo rico. Se han prometido miles de millones que nunca se han entregado. Ni siquiera se asumen los compromisos adquiridos. En las zonas del mundo con menos posibilidades, apenas si llegan los tratamientos paliativos al 5% de los infectados. Y ello a pesar de que personalidades como el ex-presidente Clinton han explicado que la enfermedad hace peligrar la propia seguridad de los Estados Unidos.
-¿En qué forma daña, más allá de la tragedia humana, el tejido social?
-Desestabiliza las zonas afectadas, altera sus economías, reduce las esperanzas de vida en veinte años...
-¿Se refiere a África?
-Y a países del Caribe, a Sudamérica...
-¿Los tratamientos paliativos son eficaces?
-Sin duda. Controlan hasta cierto punto el virus y permiten a los enfermos alargar su vida en buenas condiciones. Los nuevos inhibidores han logrado combatir la resistencia del virus y facilitar una existencia relativamente aceptable. Pero, como decía, sólo se aplican en los países ricos. A los países pobres es muy poco lo que llega.
-Dice usted que la vía de transmisión heterosexual se ha convertido en la principal -por cuantitativa- causa de riesgo. ¿Qué opina de la prevención mediante uso de preservativo y de la posición oficial de la Iglesia Católica?
-Los expertos mundiales nos aseguran que el preservativo es el medio más eficaz de prevención. La posición de la Iglesia católica es algo que no ayuda en absoluto. Aunque hemos de considerar que la Iglesia Católica es muy antigua y variada. Muchas personas católicas, en particular aquellas que están en primera línea del combate contra el sida, tienen otros pareceres, aunque no los manifiesten. Es un tema complejo, que incluye dogmas eclesiásticos. En general, es perjudicial la recomendación de la jerarquía eclesiástica. Está bien predicar la castidad para quienes así lo quieran. Sin embargo, la castidad falla mucho más que el preservativo.
Nuevas epidemias
-¿Qué resultados han dado las vacunas?
-En 1984, la ministra de Sanidad de Estados Unidos, ya anunciaba que en dos años dispondríamos de una vacuna. Se ha ido investigando a partir de la experiencia que tenemos con otras vacunas, como la de la polio y el sarampión, que actúan induciendo la producción de anticuerpos. Pero el virus del sida es muy distinto a todo lo demás. Las primeras fases demostraron que los anticuerpos no servían. Se optó por atacar directamente a la célula afectada con linfocitos citotóxicos. Y asimismo por emplear ambos recursos. Ocurre que el virus, además de mutar, se recombina con otros virus, y ello exige diseñar un nuevo esquema. No valen las enseñanzas naturales que nos vienen desde Tucídides.
-¿No funciona inocularse la enfermedad para eliminar la propia enfermedad?
-Esas eran las vacunas que habíamos conocido hasta ahora. Una imitación de la naturaleza. O te protegían, o morías. Sin embargo, el virus del sida, con sus dos ácidos nucleicos y su inclusión extra-celular e intra-celular, plantea por primera vez al hombre la necesidad de enfrentarse con la invención de una vacuna. El sida es algo inédito para lo que no existe protección natural.
-¿Qué esperanzas hay de que se consiga inventar esa vacuna?
-Es en lo que estamos trabajando en la Fundación Bill y Melinda Gates desde hace un año. Es un proyecto ambicioso en el que participan los organismos internacionales de sanidad. Aún es prematuro hacer pronósticos.
-Otra alerta que se ha disparado es la que alude a la emergencia de nuevas epidemias, debido a las migraciones y al turismo con destino a países que padecen enfermedades casi extinguidas en Occidente. ¿Es una alarma justificada?
-Sí, hay epidemias emergentes y reemergentes, ocasionadas por condiciones sociales y económicas novedosas. Es el caso de la tuberculosis, especialmente la multiresistente, que se da en toxicómanos. Y la malaria. O la hepatitis C. Junto al sida y el el sars (síndrome respiratorio agudo severo).
-La gripe aviar fue noticia de primera página durante meses. ¿Ya no hay motivos para precaverse?
-Sigue estando ahí. Sucede que muta mucho, de forma parecida al sida. Y hace algo semejante a la recombinación, reagrupando fragmentos de genoma. Se explora a qué tipo pertenece. En Indonesia, ya se han contabilizado más de cien casos, con una elevada mortalidad. Lo que apenas se da es el contagio entre seres humanos, salvo por un contacto muy directo y repetido. El gran peligro es que el virus se vaya humanizando, o sea, que adquiera apetencias por los receptores humanos. De momento, los casos son esporádicos.
-Una encuesta asegura que el 85% de los televidentes quisiera más programas de ciencia. ¿Por qué no se les ofrecen?
-Lope de Vega decía que «si lo paga el vulgo, es justo darle el gusto». Pero por lo que se deduce de esa encuesta, el vulgo no está a favor de la tele-basura.