Tenía que haber sido en junio, pero ahora será como pronto en agosto. Según confirmaron fuentes de ALSA, la empresa ha comunicado a la plantilla de la estación de autobuses de Gijón que será a lo largo del mes más turístico del año cuando se producirá la mudanza a las nuevas dependencias para viajeros y administración que se están construyendo en la planta baja del edificio catalogado.
Los nuevos habitáculos, en fase aún de acondicionamiento, contarán con un área disponible, una oficina de facturación, las taquillas y una zona de espera y venta de billetes con máquinas con capacidad para 36 personas. En cambio, el proyecto de remodelación provisional no contempla una zona de cafetería como tienen la mayoría de estaciones de autobuses españolas.
En la actualidad todos los servicios están desperdigados fuera de la terminal y en locales de alquiler, algo que no satisface a la empresa ni a los miles de personas que cada día usan los autobuses que salen de esa estación de transporte por carretera.
Aunque la zona de viajeros va algo fuera de plazo, otras obras complementarias sí quedarán ultimadas a lo largo de este mismo mes, según las previsiones que maneja el grupo empresarial encabezado por la familia Cosmen. Es el caso de las dos nuevas dársenas que va a ganar la estación -actualmente en proceso de encofrado- en el espacio liberado por las demoliciones interiores. De las cinco actuales se pasará, tras la reforma, a siete.
Entre los planes inmediatos de la empresa que explota la estación también se incluye la puesta en servicio de una nueva salida para los autobuses en la calle de Llanes. Esta salida se ha conseguido mediante la recuperación de un antiguo portón en desuso.
Por otra parte, la vieja cubierta de teja ha sido retirada en su totalidad y sustituida por otra de chapa metálica. Este elemento, del mismo color blanco de las marquesinas de los andenes, se limita a seguir la forma de los apuntalamientos estructurales que impiden que las fachadas originales de las calles de Magnus Blikstad y Llanes se desmoronen.
La estructura de refuerzo y consolidación escogida para asegurar las endebles paredes es toda ella galvanizada y porticada.
Según recoge el proyecto redactado por el arquitecto gijonés Alejandro Miranda, ese elemento de sujeción interior tiene en sí mismo una componente estética y por ello quedará a la vista de los usuarios de la terminal. Además del acero, el otro material empleado en la remodelación será el vidrio, porque el resultado que se persigue es crear una arquitectura efímera (por la propia provisionalidad de la terminal, que acabará trasladándose a la estación intermodal de Moreda) con una clara voluntad funcional.
Mejora de visibilidad
En estos meses de obras también se han retirado 4.500 toneladas de escombro y se ha prescindido de un cuadrante de fachada, en muy malas condiciones y sin valor arquitectónico, en la esquina que forman las calles de Magnus Blikstad y Ribadesella. Este último cambio en la fisonomía de la estación permitirá mejorar notablemente, cuando se retiren las vallas y los andamios de obra, la visibilidad y la capacidad de maniobra de los transportes de viajeros en los andenes.
Según explicaron fuentes de ALSA, hay una parte de la remodelación en curso -presupuestada en más de 300.000 euros- que va a quedar momentáneamente en suspenso por la falta de un permiso de la Consejería de Cultura para intervenir. En concreto, se verá afectada la actuación en la fachada norte del edificio, donde se encuentra la especie de torreta coronada por un reloj en el chaflán que forman Magnus Blikstad y Llanes.
Todo parte de la insistencia de ALSA ante el Ayuntamiento y el Principado sobre la necesidad de recortar entre metro y metro y medio el machón lateral de la calle de Llanes. El machón es una especie de pilar adosado a la pared con una ménsula apoyada que permite el paso de los usuarios hacia la estación. La empresa alega que si no se afeita con el remate correspondiente se comprometerá el futuro desarrollo urbanístico y residencia del solar de la estación. El único problema es que la Comisión de Patrimonio ya se ha pronunciado al respecto en más de una ocasión y obliga al mantenimiento íntegro de ese elemento. La dirección técnica del proyecto de remodelación critica lo que califica de exceso de celo proteccionista de la Administración regional en un edificio que nunca fue concebido para ser exento. Según ese argumento, el saliente en liza no sería más que una pared suelta que manifiesta la discontinuidad originada por la desaparición de los antiguos talleres anexos.
Sea como fuere, esa parte catalogada -machón incluido- se asegurará también desde el interior con dos torres metálicas de unos 13 metros de altura. Esos soportes metálicos se podrán observar desde los andenes, pero no desde fuera del edificio.
Respecto a la emblemática pieza arquitectónica de Manuel del Busto, considerada como un buen ejemplo del mejor racionalismo-expresionismo, la previsión de ALSA es recuperar su imagen. Se retirarán los antiestéticos andamios exteriores, se limpiará y se pintará para devolverle a la ciudad uno de sus emblemas.