Domingo, 8 de julio de 2007
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Una cura de urgencia para el reloj
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El 31 de enero de 1960 nacía la revista 'Paginas de información de la Universidad Laboral de Gijón', que llevó por nombre 'La Torre'. Era el medio de opinión del centro escolar recién abierto, en el que se invitaba a participar a todos los alumnos, que se editaba de forma quincenal y que tuvo muchos años de vida. Incluso ahora, siguiendo la tradición del centro escolar, la asociación de antiguos alumnos ha vuelto a editarlo, aunque de forma trimestral.

En aquel primer número, en su portada, se preguntaba el por qué del nombre de 'La Torre' para el boletín escolar. La explicación que se daba era la siguiente: «'La Torre' es un nombre que resume todo eso que sobrepasa vulgaridades. 'Subir a la torre', 'ver desde la torre', 'descubrir de lejos la torre', ha sido una ilusión para todos los que tienen inquietud. Los espíritus pequeños y recortados y los que no alimentan más que propias satisfacciones prefieren hablar desde el suelo. Nosotros dirigimos nuestra palabra desde 'La Torre', símbolo de muchas aspiraciones. Ahí está clavada, como un desafío a nuestro desánimo y una invitación a la elevación, esa torre de la Universidad de 120 metros».

En ese primer número sorprende la crítica firmada por 'Critilo', titulada: «El caso del reloj de la torre». Acababan de ser instalados y no funcionaban. Llegaba la crítica por escrito, no sin antes referirse a la torre en estos términos: «Es tan guapa que yo estoy seguro de que la Giralda le envía piropos calientes y mensajes de luz y sol... Ahora le van a poner un ascensor, le van a dar vida por dentro y podremos subir más fácilmente a comprobar que la esfera del reloj mide tres metros de diámetro. A propósito del reloj, ¿qué le pasa?, ¿apatía, falta de voluntad?, ¿anemia, debilidad? El caso es que los vientos manejan a placer sus grandes agujas. No marca la hora. Nuestro reloj necesita una cura de urgencia. Es preciso llamar cuanto antes al médico de relojes. Es un caso triste tenerlo así. Me duele su dolor y pido que cuanto antes busquen al médico de relojes que cure los brazos paralíticos de este gran señor».

En estos mismos números de 'La Torre', en su extensa colección, se llegó a informar, foto en primera página incluida, de la gran escultura ecuestre del, por entonces, jefe del Estado, Francisco Franco que, obra de Pérez Comendador, iba a ser ubicada encima de una peana en la misma entrada de la Laboral. También, como tantas otras cosas, se quedó en el camino.

 
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