Lunes, 9 de julio de 2007
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La mayor parte de los casos de violencia de género que se denuncian en Avilés son protagonizados por menores de 35 años
Más del 80% de los asuntos que llegan al juzgado los protagonizan «nacidos en los setenta y los ochenta» La mitad de las denuncias se acaban archivando
La mayor parte de los casos de violencia de género que se denuncian en Avilés son protagonizados por menores de 35 años
PROTESTA. Concentrados en la plaza de España para condenar la muerte de Anabel Gutiérrez a manos, presuntamente, del ex novio. / LVA
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BALANCE
Perfil: el grueso de los casos que llegan al juzgado (más del 80%) están protagonizados por parejas jóvenes que denotan cierta inmadurez y que no mantienen relaciones estables o que las han roto recientemente.

Condenas: en torno a la mitad de los casos son archivados, proporción similar a la del rechazo a la petición de órdenes de protección.

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El Juzgado de violencia doméstica de Avilés acaba de cumplir dos años de actividad con un balance

que permite, de algún modo, vislumbrar el retrato judicial de un fenómeno social para el que parece no haber una respuesta fácil.

La experiencia del Juzgado de Instrucción Número 5 de Avilés, que asume desde 2005 el grueso de los casos de violencia de género merced a lo previsto en la nueva legislación redactada al respecto, revela realidades como que el grueso de los casos que llegan a la sala están protagonizados por jóvenes menores de 35 años, que la mitad de ellos se acaban archivando, y que en los asuntos más complejos y de gravedad, la solución judicial es insuficiente y, en la mayoría de ellos, poco efectiva por la actitud o las circunstancias de los propios protagonistas.

«Un cuadro típico es el de un conflicto familiar en el que la señora acude al 112, o llaman los vecinos, y al señor se le detiene. El hombre pasa la noche en el calabozo y, cuando todo se enfría, la señora acude para decir que todo fue un calentón, que quiere retirar la denuncia y que le quiere mucho», explica la secretaria del Juzgado Número 5, María Rosa Pérez. Ese tipo de situaciones, comenta, hacen que las herramientas jurídicas aparezcan insuficientes, una cuestión en la que incide también la titular del juzgado, la magistrada Ana López Pandiella: «Tenemos una labor en la que muchas veces te sientes impotente porque, en la mayoría de las veces, no se dejan ayudar. En ocasiones no sabes qué hacer con el señor, porque estás ante casos en los que se necesitarían otro tipo de apoyos sociales y familiares que no se dan».

La jueza tiene claro que para abordar la cuestión de la violencia de género «se necesitan soluciones diversas, no sólo la penal». Esa reflexión la acompaña López Pandiella de un ejemplo suficientemente ilustrativo, y que pone en evidencia la inutilidad, en ocasiones, de las órdenes de alejamiento. «Un maltratador es condenado, pero luego se reconcilia con su pareja, que le perdona. Entonces no son conscientes de que, pese a esa reconciliación, sigue pesando sobre él una condena y una orden de alejamiento que, si la incumple, supone un quebrantamiento de condena, un nuevo delito», comenta la jueza. «Y luego los malos son los tribunales», apostilla la secretaria.

Lo que evidencian ambas responsables del Juzgado de Violencia Doméstica al hacer balance de los dos años en que vienen asumiendo esos casos, es la complejidad de un problema para el que las soluciones no parecen fáciles.

«Los casos en los que hay auténticos malos tratos continuados suelen ser mujeres de cierta edad que piensan que las cosas tienen que ser así, que su marido tiene un problema de alcohol, mental o de otro tipo, o todos a la vez, y que en caso de ser condenado no tiene a dónde ir», comenta María Rosa Pérez. En estos casos, los que denotan una especial gravedad, no se resuelven con su paso por los juzgados: «Son situaciones familiares y sociales muy complicadas. Si hablamos de un hombre con problemas mentales que pega a su mujer, por ejemplo, y lo condenas, ¿a dónde va? Los hijos no quieren o no pueden hacerse cargo... Hacen falta ayudas de otro tipo», comenta.

«Calentones»

De todos modos, y a la vista de la experiencia en estos dos años del juzgado de violencia doméstica de Avilés, esos casos son la excepción. La regla es muy distinta. El grueso de los casos que se abordan en la sala son «calentones», discusiones «con agresiones mutuas» protagonizadas por «personas que han nacido, en su mayoría, en los setenta o en los ochenta». En concreto, más del 80% de los asuntos responderían a ese perfil, al que se sumarían circunstancias como el que denunciante y denunciado «mantienen una relación sentimental peculiar, no estable» (en muchas ocasiones se trata de ex parejas) y presentan rasgos de inmadurez. «No es raro ver a menores que acuden con sus padres a denunciar a su pareja, que supera por poco la mayoría de edad», comenta Pérez acerca de un tipo frecuente de víctima que acude al juzgado a resolver el asunto. En esos casos, y salvo excepciones, las denuncias responderían a peleas circunstanciales que, en principio, acaban con la ruptura de la pareja. Golpes, amenazas (de viva voz o a través de mensajes a móviles), forman parte del día a día del juzgado de violencia doméstica, que en estos dos años ha atendido una media de dos casos diarios.

Sin embargo, que la mitad de esos asuntos se archive, o que se desestimen en proporción similar las peticiones de orden de protección, no significa que esos casos sean inocuos. «Por lo general, los casos que acaban en muerte son precisamente los del 'calentón' en el que 'se le va la mano al agresor'», comenta la secretaria judicial. Por tanto, la solución al problema vuelve a aparecerse como especialmente compleja: «Seguramente, cuando una mujer muere a manos de su ex pareja, seguro que han mantenido unas relaciones peculiares, que se han visto antes en el juzgado, y que pese a ello se ha seguido viendo con él».

 
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