La muerte de Anabel Gutiérrez conmocionó a la comarca y a Asturias el pasado mes de junio: pocas horas después de que su cuerpo apareciera en una zona boscosa de Candamo, su ex novio confesaba la autoría del crimen. Fue él la última persona con la que se vio a la joven de Llaranes el pasado 14 de junio, una semana antes de que fuera hallada muerta.
Pese a la juventud del presunto homicida y la víctima (33 y 30 años, respectivamente), el caso de Anabel Gutiérrez no respondería exactamente al cliché que manejan en el juzgado de violencia doméstica de Avilés. Ambos se habían visto ya en los juzgados pero él carecía de antecedentes por malos tratos. Además, ambos siguieron viéndose pese a lo supuestamente tumultuoso de su relación, y no está claro si el de Anabel Gutiérrez sería uno de esos extraordinarios casos en los que un 'calentón' acaba en crimen, o si hay otras circunstancias que lo conviertan en un asesinato en toda regla.
Precisamente, aclarar ese tipo de interrogantes es el objetivo de las diligencias que instruye el juzgado de violencia doméstica de la ciudad. A partir de hoy se reanudarán las declaraciones de los testigos que pudieran tener algo que aportar al caso, pero de cuyas declaraciones poco se espera para conocer realmente qué es lo que le ocurrió a Anabel Gutiérrez.
De hecho, las pruebas que sí podrían aportar algo de luz al caso, básicamente para corroborar la autoinculpación firmada por el propio acusado del crimen, son los resultados de los análisis de las muestras de ADN y otros restos que fueron recogidos por la Policía Nacional en el lugar en que fue hallada la joven avilesina.
Esos resultados podrían ser cruciales para verificar la culpabilidad de J. A. S. A., su ex novio, quien en su declaración inculpatoria habría mostrado algunas 'lagunas', como la relativa al arma que habría empleado para acabar con la vida de Anabel Gutiérrez. De hecho, la ausencia de dicho arma es, por ahora, una de las grandes incógnitas para quienes continúan con la investigación del caso.