Aunque en su tiempo de escolar ya destacaba como un 'manitas' en manualidades, Benigno Runza nunca sospechó que con el paso de los años iba ser foco de atención debido a su habilidad y su gran dosis de paciencia para reproducir en piedra y de forma absolutamente artesanal los monumentos románicos y prerrománicos de Asturias.
Labrador y ganadero durante varias décadas, una lesión interna le obligó a jubilarse antes de la edad reglamentaria, ya que no le permitía realizar los duros trabajos que exige el campo. Para 'matar' el tiempo y no caer en una depresión por aburrimiento, se propuso emular sus años de infancia y encomendarse a los trabajos manuales.
Comenzó con un hórreo, al que después siguió una panera. Luego llegaría una casa, hasta que decidió arriesgarse con obras de mayor envergadura. La primera fue la iglesia de San Salvador, conocida como el 'conventín', que reprodujo piedra por piedra. Esta reconstrucción la afrontó con mucha paciencia e ilusión.
Orgulloso y satisfecho por el resultado, se animó luego con la iglesia de Santa María del Naranco, de Oviedo. Siempre a escala y con tantos elementos de sillería como tiene el monumento original, las piezas fueron trabajadas con herramientas que él mismo construye. También se valió de la ayuda de piedras de esmeril para lograr una obra calcada al original.
«Me divierto mucho»
En su colección particular de reproducciones figura la iglesia de San Miguel de Lillo y la de Santa Cristina, de Lena. Actualmente está en plena tarea con el templo de Santa María de la Oliva, de Villaviciosa.
«Para para mí es como una cura de relajamiento», asegura Benigno Runza. «El tiempo se pasa sin que me dé cuenta porque me divierto mucho. No suelo contar las horas que me lleva cada obra». Este peculiar artesano tiene claro que sus piezas «no se venden a ningún precio».
Su labor salió ya de las fronteras locales. EL COMERCIO lo dio a conocer en sus inicios y fue protagonista de un programa televisivo en Canal 10, lo que provocó el aumento de visitas a su taller.