Lunes, 9 de julio de 2007
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Trabajadores del centro de salud de Pumarín piden que se refuercen las medidas de seguridad
Demandan más vigilantes, timbres en las mesas de las consultas y dobles puertas con el objetivo de evitar agresiones de los pacientes
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Los trabajadores del centro de salud de Pumarín reclaman el incremento de las medidas de seguridad para evitar ataques como el sufrido el pasado mes de mayo por el psiquiatra Guillermo Rendueles a manos de un paciente. La plantilla del área de salud mental considera necesario reforzar los dispositivos encaminados a garantizar su seguridad. Para ello, solicitan el refuerzo de vigilantes, la colocación de timbres de alarma en las mesas de las consultas y la habilitación de dobles puertas.

«Han pasado dos meses desde que uno de los doctores fue agredido y todavía no han hecho nada, seguimos en las mismas condiciones y nos enfrentamos a los mismo peligros», explica un representante del centro.

A raíz del suceso y de las denuncias presentadas por los trabajadores, la Consejería de Salud realizó hace poco más de un mes una inspección en las instalaciones para determinar cuáles eran las medidas más urgentes. Aún no se han materializado.

El incremento de efectivos de seguridad en los centros de salud es una vieja reivindicación del Sindicato Médico del Principado de Asturias (Simpa). El órgano de representación del gremio considera que las agresiones «no son hechos aislados y prueba de ello son los episodios que se viven casi todas las semanas en algún punto de la región».

En Pumarín, el temor se ha apoderado de la plantilla de trabajadores desde que un paciente le rompiese varios dedos de una mano a Guillermo Rendueles, uno de los psiquiatras con más prestigio del Principado. «Algún día pasará algo grave, y cuando ocurra, dirán que se podría haber evitado», apunta un trabajador del área de salud mental de Pumarín.

Amenazas

El 16 de mayo, Guillermo Rendueles sufrió el ataque de un individuo de 50 años que además era empleado del Sespa. Entró a la consulta «con gran estado con evidentes signos de nerviosismo» -según quedó reflejado en su día en el atestado policial-, y se exigió que le facilitase un parte de baja laboral. Amenazó con matarle si no lo hacía, con lo que el psiquiatra se dispuso a abandonar la estancia para llamar a los vigilantes. En ese momento, el agresor se abalanzó sobre él y le causó la rotura de varios dedos de una mano, así como contusiones en los costados. En el cacheo que se le practicó, se le encontró un cuchillo de 14 centímetros de hoja.

Éste fue uno de los últimos capítulos violentos a los que se ha tenido que enfrentar el personal laboral de las instalaciones, expuestos al riesgo en su jornada laboral diaria.

 
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