Dicen de Cudillero que es de los pocos concejos en quienes nacen en él llegan a ser profetas en su tierra. Es decir, que sus gentes saben agradecer los logros y el trabajo que sus vecinos han hecho. Y ayer, para cumplir esta norma, le tocó el turno a uno de los hosteleros más queridos por los cudillerenses: Gerardo Garrido, propietario desde hace cinco décadas el bar que lleva su nombre en San Martín de Luiña. El hostelero recibió el premio Peña Roballera que entrega cada año la asociación Amigos de Cudillero.
Desde su pequeño local de comidas, Gerardo se ha hecho un hueco en las guías no oficiales -es decir, aquellas que se comentan por el boca a boca- de la gastronomía. Su mérito: los callos. Desde hace cincuenta años guarda con mimo la receta que, según quienes los han probado, logra que sus callos «sean los mejores del mundo».
Pero, al margen de cuestiones culinarias, otro de los grandes méritos acumulados por Gerardo Garrido para recibir la distinción de Amigos de Cudillero es su «inestimable colaboración» con todas aquellas actividades o iniciativas que se celebran en San Martín y en el concejo en general.
«Los callos de Gerardo son una referencia en Asturias, pero él es toda una institución en el concejo», dijo Juan Luis Álvarez del Busto, presidente de Amigos de Cudillero. «Siempre participa en todo lo que se le pide, nunca elude colaborar con nada y por ello hemos decidido que quien se merece este año nuestro reconocimiento debe ser él», añadió.
La entrega del galardón tuvo lugar en la iglesia parroquial de San Martín de Luiña, la 'catedral' vaqueira por excelencia. Gerardo Garrido, que durante el acto estuvo arropado por decenas de vecinos y amigos, agradeció, emocionado, el reconocimiento recibido y se comprometió a ser fiel a su «filosofía de vida». Es decir, a seguir colaborando en todo aquello que considere bueno para su pueblo y su concejo.
La entrega del premio Roballera coincidió con la celebración del XI Día de los Amigos de Cudillero, la fiesta anual de esta asociación.