L A Junta General del Principado investirá hoy a Álvarez Areces como presidente para los próximos cuatro años. Esta semana llega a su fin el trabajo de los consejeros del Gobierno en funciones, formado por ocho miembros del Partido Socialista y por dos de IU. ¿Cómo fue el equipo de gobierno de la segunda legislatura de Álvarez Areces?
Para hacer una valoración hay que recordar cuál era el objetivo del mandato, la razón por la que el presidente escogió a determinadas personas para formar su gabinete. En el primer mandato, la gran tarea del Gobierno era negociar las transferencias de Educación y Sanidad. Para eso el presidente Areces buscó fuera de Asturias y fichó a Javier Fernández Vallina y a Francisco Sevilla. Al final, las previsiones no siempre se cumplen, y la primera legislatura de Areces estuvo marcada por el enfrentamiento inicial con el propio partido y el grupo parlamentario. Se había confeccionado un Gobierno para la batalla de la negociación de las transferencias con los ministros de Aznar y la legislatura se resolvió en claves internas.
En la pasada legislatura, el objetivo del Gobierno era formar un bloque con la FSA, en vista de lo ocurrido en la anterior legislatura y ante los potenciales problemas que conllevaría la gestión de un gobierno de coalición con IU. Se llegó a hablar de un tripartito, en versión asturiana, formado por consejeros de Areces, por un segundo bloque vinculado al aparato del PSOE y por los de IU. Sin embargo, las cosas fueron mucho más sencillas, ya que la comunicación fluida entre Areces y Javier Fernández acabó con los prejuicios iniciales y no hubo tensiones entre el Gobierno regional y la FSA. El vaticinio de un mandato con mucho debate interno no tuvo que ver con la realidad, porque el Gobierno de coalición se centró en hacer cosas.
Centrada esta orientación inicial de la legislatura, digamos que la dinámica de los equipos de gobierno de Álvarez Areces está condicionada por el protagonismo del presidente y su desbordante capacidad de trabajo. En el ajedrez asturiano, los peones no protegen al rey, sino que es el rey el que vela por la salud de los peones. Cuando el consejero de Sanidad tuvo un problema en Gijón con el servicio de radioterapia, el presidente Areces buscó la solución. Si el rector de la Universidad de Oviedo planteó exigencias de financiación para su institución, la respuesta no provino del consejero de Educación, sino del presidente del Principado. Si el Gobierno regional quería hacer 15.000 viviendas con algún tipo de protección, fue el propio presidente el que afirmó en un encuentro con periodistas que «sé cómo hacerlas».
Aclarado en el tren del Gobierno quién es la máquina y quiénes son los vagones, digamos que el gabinete funcionó con poca delegación de funciones, lo que conllevó una forma de compartir temas, entre presidente y consejeros, que resultó más fácil de realizar con personas con las que llevaba muchos años trabajando el presidente Areces, como María José Ramos o Francisco González Buendía, ambos procedentes del Ayuntamiento de Gijón. O con consejeros, como Iglesias Riopedre, con los que comparte solidaridad generacional y recuerdos de la lucha antifranquista.
Vinculaciones
Fuera de esas vinculaciones, en la pasada legislatura se reafirmó el papel de Jaime Rabanal, un consejero de Economía que no había compartido tareas con Areces, pero que aportó solvencia técnica, discreción y seriedad. Detrás de asuntos como la construcción del Hospital Central o la resolución a la última huelga de médicos, estuvo la mano de Jaime Rabanal.
A lo largo del mandato aumentó el papel de Ana Rosa Migoya, consejera de Cultura y portavoz del Gobierno. Aunque Migoya llegó con la tarjeta de presentación de militante muy vinculada a la FSA, su forma de trabajo resultó eficaz al presidente, por la forma en que comunica los mensajes de Areces.
Con la excepción de Graciano Torre, un consejero con tirón político, que limita con todas las áreas sensibles del socialismo -FSA, Principado, ayuntamientos y Soma-, el papel político del Gobierno recayó sobre los dos consejeros de IU, García Valledor y Laura González. Ambos firmaron un excelente trabajo, tanto en el traspaso de competencias de Justicia, como en el logro del salario social o de la política de vivienda. A juzgar por su trayectoria, nadie diría que IU va a ser oposición en el próximo mandato. Un gobierno en minoría necesitará de gente de su talla política.