Sí. «Nuestra cultura es universal, no de provincias». Completamente de acuerdo con el nuevo ministro de cultura, César Antonio Molina. Y la cultura, como también apunta quien ha llevado nuestra cultura por todo el planeta, es el motor de éste. Necesidades básicas, apuntarían muchos. Pero todo está unido. «Kavafis nos dice que el destino puede decepcionarnos, lo importante es el viaje... para llegar a Ítaca, un lugar que significa salud, calidad de vida y bienestar», el también nuevo ministro de Sanidad y consumo, Bernat Soria, deja bien claro que cultura y bienestar están unidos, sí.
Empezamos estación con los cursos de verano, fiel reflejo de la cultura que, como intentan transmitir algunos ponentes desde Ciaño o Laviana, coletea como un pez del Nalón o del Caudal -esperemos que no sean alevines de trucha-, vaya que está vivita y coleando, y las nuevas expresiones culturales se ponen al servicio de la permanencia. Vaya que el viaje a Ítaca, sobre las aguas del conocimiento, parte y llega al mismo puerto, por un universo en el que los cormoranes -con permiso de los pescadores- vuelan pegados al río.
Sí, aquí, en estos valles, la cultura siempre ha sido un motor bien engrasado, muy bien engrasado, pero tal vez el motor de un molino que hace girar una y otra vez las mismas aguas y no las deja llegar ni siquiera a San Esteban de Pravia. Se habla de cultura, sí. Hay actividades, cursos, conferencias, ponencias, sí. Bulle la cultura. Pero, en ocasiones, todo gira en torno a los mismos temas, las mismas inquietudes, los mismos gritos desesperados por continuar los viajes que nacen muertos porque pertenecen a un pasado, que, por muy reciente que sea, es pasado, no olvido, pero pasado. Sí.
Sí, la cultura es el motor -o un motor- que mueve el mundo, y es el barco que nos hace recorrer ese mundo, desde una butaca de patio, desde un pupitre o una página de libro. Pero se vuelve pesada rueda de molino si ha de mover una y otra vez los mismos argumentos. Sí, hay iniciativas, ganas de ampliar el universo cultural, pero ni si quiera van a parar éstas a la papelera de reciclaje: se vuelven desechos orgánicos. Como dice César A. Molina, la cultura es cosmopolita, nos vuelve ciudadanos de un universo que hacemos nuestro en un viaje real o imaginario. Si no nos movemos del mismo pozo de agua nunca llegaremos a Ítaca.