«Lo he dejado por cansancio». Tras cinco años como presidente de la Asociación de Vecinos de La Calzada, Manuel Arias decidió retirarse y «dar paso a gente más joven con nuevas ideas». Pese a ello, este veterano representante vecinal no se muestra demasiado optimista, ya que «todo está un poco más parado de lo que debería».
-¿De qué se siente más orgulloso en su labor al frente de la asociación?
-Mi mayor orgullo es haber contribuido a mantener una buena relación entre el Ayuntamiento y los vecinos. Por supuesto, también estoy bastante satisfecho de que hoy La Calzada esté, y cualquiera lo puede comprobar, mil veces mejor que hace 20 años. En lo concreto, me quedo con el programa de autocuidado, que permite que 260 personas diarias efectúen sus rehabilitaciones en centros especiales.
-¿Cree que deja la asociación en buenas manos?
-Desde luego. La actual directiva me merece total confianza y ya les he dicho que estoy a su disposición para lo que puedan necesitar.
-¿Qué reivindicaciones ha de abordar la nueva dirección?
-Hay una serie de cuestiones que siempre han formado parte de las reclamaciones del barrio, como los soterramientos de las vías ferroviarias y de la ronda por Jove, o la construcción de un centro integrado como el de Pumarín o el Llano.
-¿Cree que el movimiento vecinal está politizado?
-La vida misma lo está. Creo que es inevitable tener una visión, una ideología y actuar en consecuencia. Cuando se representa a todo un barrio hay que intentar ser independiente, no apolítico, y hay que ser capaz de ver el lado bueno de todo el espectro político.
-¿Qué opina de las críticas públicas al presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos, Amador García?
-La voz de la FAV no es única, y cada barrio puede expresar su disconformidad con los temas que crea convenientes.